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Siete Leyes Mentales - 2 de 27

Siete Leyes Mentales – 2 de 27

(2 DE 27) SIETE LEYES MENTALES

por Brian Tracy | ElSeminarioFenix.com

Siete Leyes Mentales; Módulo 2

El punto de partida del conocimiento de uno mismo consiste en reconocer el siguiente hecho maravilloso; usted es extraordinario, usted es único. Hay una posibilidad de entre 50 mil millones de que exista alguien idéntico a usted; y la anatomía, la fisiología y la medicina, han demostrado que en cada parte de su cuerpo la composición de su sangre es distinta a la de cualquier otra persona que jamás haya vivido. Sus huellas dactilares son diferentes, sus huellas labiales son diferentes, hasta las huellas de los dedos de sus pies son únicas, las huellas de los dedos de sus pies son distintas a todas las demás, usted es diferente a todos los demás y el conocimiento de uno mismo empieza con la aceptación del hecho de que uno es un individuo único y especial y que tiene la capacidad de hacer algo maravilloso con su propia vida.

Dicho esto, también diré, que usted es igual a cualquier otra persona en cuanto a determinados principios básicos.

A lo largo de la historia de la humanidad, los hombres y mujeres más inteligentes que hayan existido han buscado la solución al enigma de la humanidad: ¿Qué puede hacer la gente para modificar su calidad de vida, sus relaciones y sus resultados? Los grandes filósofos, los grandes metafísicos, los grandes sabios han dedicado mucho tiempo el asunto, a veces vidas enteras. En nuestro propio siglo, se de hombres y mujeres que han dedicado diez, veinte, treinta, cuarenta, incluso cincuenta años a estudiar el éxito y los logros, para encontrar normas y principios generales en los que nos podemos basar para tener más éxito.

Lo primero que debemos tener en cuenta, la base de todo este curso, la psicología del éxito, es esta: que usted es una criatura mental, que solamente le hace único su mente. Todo lo demás, como dijo el dramaturgo Eugene O’Neill, lo tenemos en común con un caballo o un cerdo.

Su mente es lo que le hace único. Su cuerpo se limita a transportar su mente y al igual que la electricidad funciona según las leyes de la electricidad, la física funciona según las leyes de la física y la naturaleza funciona según las leyes de la naturaleza, hay ciertas leyes que determinan todo lo que a usted le sucede. Estas leyes mentales son tan inexorables como la ley de la gravedad, funcionan ininterrumpidamente y cualquier éxito que logre en la vida se deriva de vivir su vida en armonía con las leyes mentales básicas y cualquier problema o dificultad que usted experimente en su vida se deriva de no vivir su vida en armonía con esas leyes básicas.

Ahora bien, las leyes mentales funcionan ininterrumpidamente al igual que la gravedad funciona ininterrumpidamente. Lo que esto significa es que si se tira desde un edificio de 10 pisos en su ciudad o en Londres – Inglaterra o en Lima – Perú, se va a estrellar en la acera independientemente de que usted sepa de la gravedad, crea en la gravedad, esté de acuerdo con la gravedad o de que la gravedad le convenga. Sea como sea, la gravedad va a actuar sobre usted. Las leyes mentales son exactamente iguales. En este curso les voy a presentar una veintena de leyes mentales, algunas son más importantes que otras, pero es imprescindible que las comprenda todas.

Empecemos con la primera de las leyes mentales. La primera ley mental y por cierto se ha escrito sobre ellas y han sido objeto de estudio siglo tras siglo y muchas de ellas han sido versificadas por las principales universidades e institutos de investigación y grupos de especialistas a lo largo de estos últimos años y se ha demostrado que son tan verdaderas como se había pensado, la primera ley es la que denominamos la ley del control.

La ley del control es muy sencilla, es una ley elemental y volveremos a ella una y otra vez. Dice sencillamente lo siguiente: que o bien usted está satisfecho consigo mismo, tiene sentimientos positivos sobre sí hasta el punto de que siente que controla su propia vida o bien tiene sentimientos negativos sobre sí mismo hasta el punto de que siente que no controla su propia vida. Lo que debe hacer es examinar su vida en este momento y preguntarse: ¿Cuáles son los aspectos de su vida que considera que se le dan mejor? ¿Qué partes de su vida cree que controla mejor? Descubrirá que estas son las parcelas en las que se siente más feliz.

Puesto que el bien máximo para el ser humano consiste en estar en un estado de felicidad que se expresa como serenidad y relaciones afectivas, el control es algo absolutamente esencial. Los psicólogos actuales dominan a esto la diferencia entre un foco de control interno que supone la sensación de que uno domina su propia vida, en contraposición con un foco de control externo que viene a ser una sensación de que algo ajeno a usted, sus facturas, sus relaciones, su trabajo, su salud, le controlan a usted de algún modo.

De hecho, en la investigación sobre el emplazamiento del foco de control y existen muchas pruebas que usted puede realizar para determinar cómo está usted situado en este gráfico en cuanto al foco de control y lo que hay en su vida que usted cree controlar más o menos, las personas con un foco de control interno muy marcado, los que obtienen muchos logros, tienen más éxitos, se auto determinan de mayor medida, son más felices. Y una de las muchas cosas que intentamos hacer en este curso, es dotarle de un sentimiento de control mucho mayor sobre cada aspecto de su vida.

El control se inicia, en primer, lugar con sus pensamientos. Es interesante saber que sus pensamientos, las cosas en las que piensa y cómo piensa, determinan sus valores. Determinan lo que está sucediendo en su interior. Una vez almacenados sus pensamientos, determina sus sensaciones; si está contento o triste o si tiene miedo o está seguro de sí mismo, sus sensaciones determinan sus acciones. De modo que empezamos con la ley del control diciendo que la clave del éxito consiste en sentirse uno amo de su propio destino, sentir que uno lleva el volante de su propia vida.

Usted dirige su vida por medio del control total y completo de sus pensamientos. Sus pensamientos controlarán sus sensaciones. Sus sensaciones controlarán sus acciones. Las acciones (y recuerden), las acciones siempre determinarán si llega o no al éxito. La ley del control es importante.

En contraposición con la ley del control, tenemos lo que se denomina la ley del accidente. En realidad, la ley del accidente es un principio metafísico. Es solamente una ley como una norma de tráfico o como una ley jurídica en la medida en que vivamos de acuerdo con ella de manera consecuente. La ley del accidente, es la que sigue más o menos el 80 por ciento de la población. La ley del accidente dice sencillamente que al no planificar usted está planificando el fallo. No planificar es planificar el fallo.

La mayoría de la gente no cree vivir así, pero si estudian sus vidas verán que es verdad. No planificar es planificar el fallo. Estas personas son las que dicen: “no se trata de lo que sepas, sino de a quien conozcas… hay que estar en el lugar oportuno, en el momento oportuno… es la suerte es la suerte de los dados, etcétera”. Estas personas son las que debido a su sensación de que su vida está controlada por fuerzas externas, no tienen unos planes claros ni tienen unas metas definidas, no están trabajando de manera persistente y consecuente día a día para lograr lo que desean. Sus vidas parecen ir a la deriva, dan vueltas y vueltas como un barco sin timón; y una persona, al igual que un barco sin timón, una persona sin un plan central es una persona con muy poco control, es una persona que siente en efecto que no controla su vida, que está cayendo a través del espacio sin un lugar donde pararse y estas personas son invariablemente desgraciadas.

El motivo para que la gente sea negativa hoy en día, para que sea desgraciada, que esté enferma y se sienta decepcionada, el motivo para que la gente logre menos de lo que son capaces de lograr en la vida es que la mayoría vive de acuerdo con esta ley del accidente y al actuar así no tienen sensación de control sobre sus vidas. No tienen una sensación de paz interior, de felicidad, etcétera. De modo que, vamos a enseñarles cómo se pueden liberar de la ley del accidente para siempre.

La ley siguiente es la que se denomina la ley de causa y efecto. La ley de causa y efecto dice que para cada efecto en la vida hay una causa específica. Todo lo que sucede en el universo sucede por un motivo. Nada se produce por accidente, el fracaso no se produce por accidente, el éxito no se produce por accidente. La felicidad o la ausencia de ella son el resultado de causas y efectos en nuestras relaciones. Si se produce un efecto en su vida que le hace querer más, más éxito, más dinero, más felicidad, mejor salud, se puede buscar su origen en una causa. Todo progreso en la vida y en la sociedad humana tiene sus raíces en la identificación de las causas que hacen que queramos más o menos de algo y la modificación de las causas.

Por supuesto, la ley de causa y efecto es la ley férrea del universo. Si lo prefieren es la ley a la que podemos recurrir una y otra vez y muchas de nuestras leyes son una paráfrasis de esta ley férrea. También se conoce como la ley de la siembra y la cosecha. Lo que siembra será lo que recoja. Pero la ley férrea, la ley de causa y efecto nos da una sensación total de control. Si creemos que existe una relación causa – efecto, que todo sucede por un motivo, entonces tendremos una enorme sensación de control en nuestras vidas y podremos identificar las causas y duplicarlas.

Podemos hacer lo que queramos en nuestras vidas. La aplicación más importante de la ley de causa y efecto es esta: los pensamientos son causas. Los pensamientos son causas y las condiciones son efectos. Los pensamientos son causas y las condiciones solo efectos. El punto de partida para todos son sus pensamientos sobre algo, sus pensamientos sobre un trabajo, sobre una relación, sobre su salud, sobre su futuro. Sus pensamientos se convierten en agentes causantes y las condiciones se convierten en los efectos. Si desean cambiar algunas de las condiciones de sus vidas, han de cambiar los pensamientos que captan dichas condiciones, han de cambiar lo que está sucediendo en sus mentes.

Ahora bien, lo maravilloso es que sólo hay una cosa en el universo sobre la que usted tiene un control total y son sus pensamientos. Así que, si se hace con el control total y completo de sus pensamientos y hace que sus pensamientos y lo que usted desea sean positivos, se reduce la condición de que los efectos vendrán por sí mismos de manera tan inevitable como una ley de la naturaleza.

La siguiente ley, es la que se llama la ley de la creencia. La ley de la creencia dice sencillamente que lo que usted crea con sentimiento (y esta es la clave, con sentimiento), con toda la emoción que pueda poner en una creencia, se convierte en su realidad. Se convierte en su realidad porque siempre actuará de manera consecuente con sus creencias, de hecho la totalidad de su realidad en este momento es su elaboración de una imagen externa de sus creencias sentidas con intensidad. Si cree algo positivo o si cree algo negativo o en palabras de Henry Ford: “tanto si cree que puede hacer algo, como si cree que no puede hacerlo, tiene razón”.

Muchas creencias forman nuestras realidades.

En la medida en que creemos que algo es verdad, nuestras creencias actuarán como una especie de cedazo; filtrarán cualquier información que no sea consecuente con nuestras creencias. Tenemos un deseo profundo en nuestro interior de ser consecuentes, de modo que siempre estamos intentando visualizar nuestro mundo, racionalizarlo, interpretar nuestro mundo de manera que sea consecuente con lo que hemos decidido creer. Desarrollamos puntos ciegos, no vemos las oportunidades, estamos convencidos de que no hay oportunidades, no veremos las posibilidades de éxito mientras no creamos que el éxito es posible para nosotros. Sin embargo, si empezamos a modificar nuestras creencias, modificamos nuestra realidad.

Permítanme darles un ejemplo; es la historia de un joven de un pequeño pueblo de los Estados Unidos. Es una historia verídica, se publicó en una revista de psicología hace un par de años. Este chico sacó sobresalientes a lo largo de todos los estudios secundarios. Cuando terminó estos estudios hizo el examen de selectividad. Unas semanas después recibe una carta de la universidad que decía: “ha obtenido una puntuación de 98 en la prueba de selectividad, por la presente queda admitido en la universidad”.

No sabía mucho sobre las pruebas de selectividad y pensó que el 98 se correspondía a un coeficiente de inteligencia. Un coeficiente de inteligencia de 98 es ligeramente inferior a la media y representa unos 20 puntos menos de los que se necesitan para entrar en la universidad. Él estaba convencido de esto y descartó toda la experiencia de sus estudios secundarios y todos sus sobresalientes. Estaba convencido de no estar capacitado para los estudios universitarios, pero se matriculó en la universidad en otoño.

Transcurrido el primer trimestre, estaba suspendiendo o sacando aprobados raspados en todas las asignaturas. Su consejero le llamó y le preguntó: “¿Qué te pasa? Sacaste muy buenas notas en la escuela secundaria y estas asignaturas solo están a un nivel de dificultad por encima de las del año pasado, ¿tienes problemas con las chicas, con las drogas, no te has adaptado? ¿Qué te pasa?” Él contestó: “Brand, hago todo lo que puedo, no es mía la culpa, solamente tengo un coeficiente de 98”.

El consejero tenía su historial encima de la mesa y le dijo: “¿Qué estás diciendo?” Él contestó: “en la carta de la universidad me dijeron que había obtenido un 98 en la prueba de selectividad”. El consejero dijo: “pero eso no es un coeficiente de inteligencia, es un percentil. Quiero decir que superaste el 97 por ciento de los estudiantes del país que hicieron el mismo examen, eres uno de los mejores alumnos de esta universidad”.

Bueno pues, este chico comprobó su prueba de selectividad, vio que en efecto el 98 era un percentil no un coeficiente de inteligencia. Volvió a sus asignaturas y dos años después estaba entre los diez primeros estudiantes de los 30.000 de su universidad. Iba a la cabeza en todas sus asignaturas. Una vez que modificó su realidad, una vez que modificó sus creencias acerca de su inteligencia, su realidad cambió automáticamente.

Ahora bien, un punto importante en este sentido consiste en que cada uno de nosotros tiene unas creencias por medio de las cuales se auto limita. Cada uno de nosotros cree estar limitado de algún modo. Cada uno de nosotros cree estar limitado en cuanto a inteligencia, creatividad, capacidad de ganar dinero –no puede vencer, no puede hablar en público–, creemos que no somos capaces de ser puntuales, que no tenemos dotes para la mecánica y así sucesivamente.

Una investigación exhaustiva ha demostrado que el talento está bastante bien repartido entre la población. Que la mayoría de las limitaciones que tenemos no existen en la realidad, existen solo en nuestra mente; y uno de los puntos de partida para los grandes logros consiste en empezar a poner en duda esas creencias que nos auto limitan y a deshacernos de ellas. Hacer como si no existieran y cuando se actúa como si no existieran, van y desaparecen.

Bien, pues la siguiente ley se llama la ley de la expectativa. La ley de la expectativa es la ley de la que se ha hablado a lo largo de toda la historia de la humanidad, al igual que la ley de las creencias. La ley de la creencia, según William James de Harvard, crea el hecho real; según piense y crea el hombre en su interior, así será. La ley de la expectativa dice una y otra vez: “lo que esperes es lo que obtendrás, no lo que desees, sino lo que esperes.”

Nuestras expectativas, especialmente nuestras expectativas sobre los resultados, nuestro modo de pensar acerca de cómo van a salir las cosas se convierten en nuestra propia profecía que llega a cumplirse. Y el doctor Robert Rosenthal, de la universidad de Harvard ha realizado un centenar de experimentos sobre la teoría de las expectativas, sobre lo que se conoce como la teoría de las expectativas y ha hallado que las expectativas de uno tienen un efecto sobre otras personas, acontecimientos y circunstancias, incluso si estas expectativas proceden de una información totalmente falsa.

Lo que usted espere confiadamente –en otras palabras, si usted espera confiadamente que sucedan cosas buenas, ¡sorpresa, sucederán!  Si espera confiadamente que le sucedan cosas malas, entonces le sucederán cosas negativas. Las personas de mayor éxito han desarrollado una actitud de esperanzada confianza en que le sucedan cosas buenas; esto se llama la actitud de auto expectativa positiva, la actitud del ganador. El ganador espera que le sucedan cosas buenas. De antemano, el ganador espera ganar y he aquí que cualquier cosa que se espere confiadamente tiende a suceder, incluso si la información en la que se basan las expectativas es totalmente falsa.

Me gustaría darles un ejemplo de expectativas. Hace algunos años, el doctor Rosenthal realizó varios experimentos distintos y llego a la conclusión de que las expectativas que los profesores tenían acerca de los alumnos producían un efecto enorme sobre su capacidad de aprendizaje y sus notas medias. De manera que elaboró una serie de experimentos y uno de los principales, de tremenda importancia, fue el siguiente:

Fue a un colegio de la zona de la bahía de san francisco al principio del año escolar y pidió al director que llamara a tres profesores. El director les informó que debido a su excelencia, habían sido seleccionados como los tres mejores profesores del colegio. A cada uno se le asignarían treinta alumnos, los más inteligentes del colegio, identificados en base a pruebas de coeficiente de inteligencia realizadas al final del trimestre anterior. Tendrían la oportunidad de enseñar a estos estudiantes a lo largo de un año completo y los expertos calcularon que estos estudiantes reflejarían un aumento medio en sus resultados escolares de entre un 20 y un 30 por ciento a lo largo de dicho curso académico.

Una de las condiciones que se les impuso a los profesores es que no dijeran nada, ni a los alumnos, ni a los padres de éstos. Debían seguir enseñando del mismo modo y las clases se controlaban cuidadosamente para asegurar que se enseñaba igual que se había enseñado antes, con la única diferencia de que los profesores sabían que iban a enseñar a 30 alumnos brillantes durante ese año.

Los profesores estaban encantados, se entregaron totalmente estaban ilusionadísimos, trabajaron mucho en aquellos alumnos. Les dedicaron tiempo después de las clases, se comprometieron con la enseñanza más que nunca y al final del año académico las tres clases iban a la cabeza no sólo del resto del colegio, sino de la totalidad del distrito escolar en cuanto a logros académicos.

Al final del año, llamaron a los profesores. Les dijeron: “¿ha sido un buen año?” Ellos respondieron: “desde luego, esos chicos eran muy inteligentes, ponían mucho interés”. A lo que contestaron: “quizás deberíamos decirles la verdad; este ha sido un experimento. Y de hecho, al inicio del curso seleccionamos al azar los nombres de 90 chicos y les asignamos a sus clases, ni siquiera sabemos cuál era su coeficiente de inteligencia”.

Los profesores dijeron: “qué curioso, ¿a qué se deberá que sus resultados han sido tan buenos?” Luego se miraron y dijeron: “claro, es porque somos los tres mejores profesores de este colegio”. A lo que vino la respuesta: “la segunda parte, es que al principio del curso pusimos los nombres de todos los profesores en un sombrero y los suyos fueron los tres primeros en salir, así que esto es lo que se conoce como un doble experimento ciego, todo es lo mismo menos las expectativas”.

La expectativa, en cuanto a los profesores era explicita: “creemos que sois profesores excelentes”. Las expectativas de los profesores en cuanto a los alumnos eran implícitas; nunca se manifestaron, sencillamente los profesores trataron a sus alumnos como si realmente fueran inteligentes y los alumnos florecieron. En una de las clases, el coeficiente de inteligencia de un alumno aumentó en 25 puntos a lo largo de aquel curso. En experimentos posteriores, el coeficiente de un alumno aumentó hasta en 27 puntos, lo que demuestra que los profesores con expectativas elevadas logran que se manifieste en los alumnos una inteligencia totalmente inesperada.

Marva Collins, famosa educadora de la zona interior de chicago, halló que si se trata a los alumnos como si fueran inteligentes y se trabaja con ellos como si fueran muy brillantes, se pueden conseguir unos logros académicos absolutamente sorprendentes. Esto nos lleva al papel crítico de las expectativas en la vida.

El primer aspecto de las expectativas en su vida, el número uno de las expectativas que afectan al individuo, son las de sus padres. Hemos averiguado que como adultos tendemos a lo largo de toda nuestra vida a subir o bajar hasta llegar al nivel de las expectativas de nuestros padres. Si hemos tenido unos padres fuertes, que nos apoyaban y nos querían y alentaban y que han creído en nosotros siempre, haremos lo posible de manera subconsciente para vivir una vida consecuente con dichas expectativas. Si hemos tenido unos padres que nos criticaban y condenaban y se quejaban de nuestras notas y demás, hallaremos que a lo largo de nuestra vida tendremos a reprimirnos. Así que tengan cuidado con este punto: ¿Cuáles eran las expectativas de sus padres? ¿Eran positivas? ¿Eran negativas? ¿Eran alentadoras o desalentadoras? Y, ¿hasta qué punto le afectan hoy en día?

El segundo campo de la expectativa es: las expectativas de su jefe. En todos nuestros estudios, especialmente en nuestros estudios sobre la excelencia en las empresas, hemos observado que los jefes con expectativas elevadas logran unos entornos laborales de alto rendimiento. Sin embargo, si usted tiene un jefe negativo y crítico, si su jefe tiene expectativas o actitudes negativas es muy probable que su rendimiento sea ínfimo. De hecho, si considera su vida laboral en su totalidad, estará de acuerdo en que los momentos de su vida que más le han satisfecho son aquellos en que trabajaba con un jefe que tenía expectativas positivas en cuanto a usted y sus capacidades, ¿no es así?

El tercer punto de las expectativas es: sus expectativas en cuanto a los demás, especialmente en cuanto a sus hijos, su cónyuge, su pareja, en cuanto a los subordinados que se miran en usted. Verá, las opiniones de cualquier persona por la que sintamos respeto nos afectan profundamente. Si usted tiene expectativas positivas en cuanto a la gente que le rodea, sobre todo en cuanto a sus hijos, se produce una tendencia a que dichas expectativas se cumplan. De modo que la norma básica en ese sentido es: espere siempre de palabra y obra cosas buenas de los demás y dígales continuamente: “creo en ti”.

Y el cuarto punto de las expectativas es: las expectativas en cuanto a uno mismo. En último término, estas son las más potentes. Si tienen unas expectativas positivas muy altas en cuanto a usted mismo, le sorprenderán los efectos que producirán en su vida. Siempre, siempre… espere lo mejor.

He aquí un pequeño ejercicio que aprendí de un alumno de uno de mis seminarios. Él se dio cuenta de que al iniciar todos los días con un sencillo ejercicio diciéndose a sí mismo: “creo que hoy me va a suceder algo maravilloso, creo que hoy me va a suceder algo maravilloso”, este pequeño ejercicio modificaba totalmente su actitud. A lo largo de todo el día, la suya era una actitud de expectativa confiada, en el sentido de que todo lo que le iba a suceder a lo largo del día sería quizás la cosa maravillosa que le iba a suceder.

Y sabe, si hace esto, si antes de acostarse se dice: “creo que mañana me va a suceder algo maravilloso”. Y a lo largo de todo el día se dice: “creo que hoy me va a suceder algo maravilloso”, hallará que, cuando se duerma, a la noche siguiente –y pruébelo hoy, es un ejercicio muy potente, parece un poco cursi, pero si lo prueba vera que es un ejercicio muy potente– hallará que cuando se vaya a la cama, ni siquiera será capaz de recordar todas las cosas maravillosas que le han sucedido. Le sorprenderá ver que encuentre sitio donde aparcar, le llaman los amigos, recibe cheques en el correo, su vida será una serie de acontecimientos felices. De modo que, espere siempre lo mejor: “creo que hoy me va a suceder algo maravilloso” y debido a la inexorabilidad de la ley de la naturaleza, les sucederá. Le puedo asegurar que ha sido así para miles y miles de personas que han seguido nuestro curso, que quedaron atónitos ante los efectos de este pequeño ejercicio tan cursi.

La siguiente ley se llama la ley de la atracción. La ley de la atracción se limita a decir que usted es un imán viviente, un imán que atrae inevitablemente a su vida a gente y circunstancias que están en armonía con sus pensamientos dominantes. Sabemos que en el universo la energía está en un estado de vibración, que todo vibra; este tablero vibra, su piel vibra, todas las sustancias vibran debido a su estructura molecular. Sabemos también que existe una ley de radiación, que todo vibra hacia fuera (un proceso de entropía). Hallamos que lo que uno piensa (nuestros pensamientos también son una forma de energía), está vibrando y emanando de uno y viaja a la velocidad de la luz, puede afectar a las personas y a las circunstancias desde una distancia enorme. ¿No le ha sucedido alguna vez estar pensando en alguien, que suene el teléfono y quién llama es esa persona? ¿No le ha sucedido nunca llamar a alguien y que le diga: “ahora mismo estaba pensando en ti”? Es algo que salta a la vista. No le ha sucedido nunca estar en concordancia con su marido o su mujer y pensar: “me gustaría ir a cenar a tal sitio”, y de marcar y que le digan: “¿porque no vamos a cenar a tal sitio?”. Todos estos son ejemplos de la ley de la atracción.

Para muchos, la ley de la atracción es una de las leyes más importantes de la existencia. Siempre se atraerá hacia uno a personas y circunstancias positivas o negativas en armonía con los propios pensamientos dominantes. Lo que piensa de manera continuada es lo que atraerá su vida, lo que atraerá a su vida como un imán. Por eso es tan importante centrar los pensamientos en lo que uno quiere y mantenerlos en lo que uno desea y alejar los pensamientos de lo que uno no desea. Y por cierto, según vaya avanzando y desarrollándose y haciéndose más ducho y agudo en estos métodos, la ley de la atracción trabajará para usted más deprisa y con mayor precisión. Así que, cuidado con usarla bien.

La última ley que comentamos en esta sección se llama la ley de las correspondencias. La ley de las correspondencias dice –y Jesús habló de ella: “tal como sucede en el interior, sucede en el exterior; tal como sucede en el interior, sucede en el exterior”. Esto sencillamente significa que nuestro mundo exterior es un espejo y este es probablemente el término más adecuado, nuestro mundo es un espejo que le refleja sencillamente lo que sucede en nuestro mundo interior. Nuestro mundo exterior es el resultado de nuestro mundo interior, lo que sucede dentro refleja lo que pasa afuera.

Si quiere cambiar su mundo exterior, debe cambiar su mundo interior. Esto significa que tiene que observar su nivel de salud, lo que sucede en términos de su salud física está determinado directamente por lo que está sucediendo en su mente. Lo que sucede en sus relaciones es el ejemplo perfecto, porque cuando uno se siente bien en su interior sus relaciones transcurren con más suavidad. Si uno siente negatividad o tensión en su interior, sus relaciones funcionan mal. Las relaciones reflejan como la imagen de un espejo la calidad de la propia personalidad. Uno puede saber hasta qué punto es sana su personalidad observando las relaciones que le rodean. La salud es algo muy importante, el nivel económico, el nivel de comodidad del que uno dispone, está en relación directa con lo que uno haya introducido en su mente en términos de pensamiento y preparación para lograr riqueza y abundancia.

Si desea tener más éxito en su exterior, ha de tener más éxito en su interior. Cuanto más trabaje sobre su interior (que es la única parte de su vida que usted puede controlar), cuanto más trabaje sobre su interior más deprisa cambiará su mundo exterior. El gran error en la vida y el motivo para que la mayoría de la gente sea desgraciada se debe a que la mayoría de las personas intentan cambiar el mundo exterior, que no pueden controlar, y dejan que su mundo interior siga en desorden. Es igual que intentar que un automóvil funcione mejor lavando la carrocería, puliéndola y cambiando las ruedas. Lo que hay que hacer es trabajar sobre el mecanismo interno. Según cambia uno su mentalidad, según cambia lo que sucede en su interior, va cambiando lo que sucede en el exterior.

Hace muchos años Conan Nightingale, el eminente filósofo se despertó en mitad de la noche pensando en una cita que cambió su vida y la de millones de personas y que están bastante relacionada con todas estas leyes que estamos comentando. Dice sencillamente así: “uno se convierte en lo que piensa, uno se convierte en lo que piensa”, y puesto que lo único que se puede controlar es nuestra forma de pensar, si modificamos lo que pensamos empezaremos a cambiar nuestra realidad.

Si usted cambia sus expectativas, si cambian sus creencias, si cambian sus pensamientos predominantes, si cambia su mecanismo interno empezará a atraer a su vida a personas, circunstancias, acontecimientos, oportunidades y en consecuencia usted cambiará sus pensamientos. El motivo para que la gente no tenga éxito es que sus pensamientos son pensamientos de falta de éxito o de fracaso. Otro punto que es muy, muy importante es que toda casualidad es mental. Vivimos en un universo mental, toda casualidad es mental. Si desea modificar su universo, debe cambiar su mentalidad y esto nos lleva al punto más importante de todos, es sencillamente este –lo escribiré aquí: si cambia su modo de pensar, cambia su modo de pensar y cambia su vida. Cambia su modo de pensar y cambia su vida.

A lo largo de los años, usted ha acumulado y recopilado una enorme cantidad de información, ha acumulado y recopilado una gran cantidad de experiencias, algunas positivas y otras negativas. Todas y cada una de ellas están almacenadas, todas y cada una de ellas están produciendo un efecto sobre lo que le está sucediendo en este momento.

En el nuevo testamento, Jesús dijo una frase preciosa que cito y en la que pienso continuamente: “Por sus frutos los conoceréis”. Lo que esto significa, es que se puede saber lo que está sucediendo en el interior de una persona, la vida básica del carácter y los pensamientos de una persona, viendo los frutos de su vida exterior; su salud, sus relaciones, sus niveles de éxito. Si uno cambia su forma de pensar, cambia su vida, y según vaya avanzando este curso, le vamos a mostrar de manera sistemática cómo puede cambiar su forma de pensar y llevarla a una perfecta correlación en su interior con el tipo de vida positiva, feliz, dinámica, vital, con el éxito que desea en el exterior.

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