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Como Liberar Su Potencial - 3 de 27

¿Cómo Liberar Su Potencial? – 3 de 27

(3 DE 27) COMO LIBERAR SU POTENCIAL

por Brian Tracy | ElSeminarioFenix.com

¿Cómo desbloquear la potencialidad? – Módulo 3

Cuando hablamos de la potencialidad humana, se ha preguntado alguna vez, ¿Qué es lo que explica la enorme diferencia en resultados y rendimiento entre una persona y otra? Ustedes saben que una persona que gana 25 millones al año no es 10 veces más lista o mejor que otra que gana 2 y medio al año. ¿Por qué la diferencia es de un factor de 10? ¿Y si sube hasta el tope de la escala, hasta una persona que gana 250 millones? ¿Es esa persona 100 veces mejor y más lista que la que gana 2 y medio? Imposible.

En un reciente estudio sobre coeficientes de inteligencia, se seleccionaron a mil hombres y mujeres entre la población y se les hicieron pruebas para determinar sus coeficientes. Se halló que la persona con mejores resultados de las mil seleccionadas era sólo dos veces y media más inteligente que la persona con peores resultados de esas mil. Sólo una diferencia de dos veces y media y probablemente sucede lo mismo para toda la población, por tanto, ¿a qué se debe la diferencia?

Cuando hablamos de la potencialidad humana, llegamos a una fórmula muy sencilla que desarrollé hace algunos años y quizás lo explica un poco. La fórmula se inicia con lo que llamamos “AC”; atributos congénitos. Las cualidades, la inteligencia, la capacidad, el temperamento, las cosas con las que uno nace y que en realidad en poco puede cambiar, más los atributos adquiridos. Ahora bien, los atributos adquiridos son muy importantes, estos son: la educación, la formación, la destreza, la experiencia, el conocimiento, la sabiduría y así sucesivamente multiplicados por A, que es la actitud, es igual a la potencialidad humana individual o el rendimiento humano individual o a los resultados humanos individuales, si lo prefieren. De estos tres, los atributos congénitos ya están establecidos en su práctica totalidad cuando nacemos. Los atributos adquiridos se pueden modificar, pero esa modificación lleva tiempo.

Pero, a veces cambiamos muy deprisa. Una información preciosa puede modificar nuestra eficiencia de manera espectacular, pero nuestras actitudes se pueden incrementar o reducir de manera espectacular en pocos segundos. Cada vez que mejoramos nuestra actitud, multiplicamos todas nuestras capacidades. La actitud se ha definido con mucho acierto como la palabra más importante para el ser humano. Todo lo que hacemos en la vida, según un estudio realizado en Harvard entre un grupo de especialistas en selección de ejecutivos, se basará en un 85% en la actitud, el 85% de su éxito estará determinado por su actitud. Esto quiere decir, según como sea de positiva su actitud mental. Las personas con actitudes mentales positivas tienden a avanzar más deprisa, a ascender en las empresas, ganar más dinero, a obtener más satisfacción de la vida, etcétera.

Ahora bien, una actitud mental positiva no significa que usted tenga que ir por las calles bailando y tirando flores, solamente requiere que aplique una actitud o un enfoque general constructivo a su trabajo, a la vida, a sus problemas, sus relaciones, etcétera. Y según el Informe COX sobre negocios en los Estados Unidos, de acuerdo con las revistas YouSet, el 85 por ciento o más de lo que usted logre, estará determinado por sus actitudes. De modo que la pregunta es esta: ¿De dónde vienen las actitudes? Las actitudes vienen de las expectativas, es muy sencillo. Ya hemos hablado de ello antes. Y una forma muy potente de mejorar su actitud de manera inmediata, consiste en decir: “creo que hoy me va a suceder algo maravilloso”.

Como ya hemos dicho, nuestras expectativas en cuanto a los resultados determinan nuestra actitud. Si uno espera que las cosas salgan bien, tendrá una actitud positiva y lo maravilloso es que uno se puede fabricar sus propias expectativas, uno puede esperar lo que quiera. Se pueden esperar cosas buenas, también se pueden esperar cosas negativas y es muy probable que se produzcan. ¿De dónde vienen nuestras expectativas? Nuestras expectativas vienen de nuestras creencias, por así decirlo y de nuestros valores.

Esos son el núcleo, los factores de motivación centrales de nuestra personalidad o creencias, lo que nos lleva a una comprensión del potencial humano. Quiere decirse que, básicamente, nuestra actitud es una expresión externa de lo que está sucediendo en nuestro interior, que es consecuente con las leyes mentales de las que ya hemos hablado. Y por lo que se refiere a las creencias, cada uno de nosotros tiene una serie de creencias en nuestro interior más profundo que son las que los psicólogos denominan: “los auto-conceptos”.

El auto-concepto, o más bien su descubrimiento, es lo que muchos consideran como el acontecimiento más importante para la comprensión del rendimiento humano en el siglo XX. Personalmente, estoy de acuerdo. El auto-concepto es, si se quiere utilizar una analogía militar, el centro de mando, o si desean utilizar una analogía tecnológica, el programa principal de su ordenador. Consiste en una serie de creencias, valores, actitudes, sentimientos, ideas, etcétera, almacenados muy adentro, que son el resultado de prácticamente todas las experiencias que uno ha tenido en su vida.

Algunos investigadores dicen que el auto-concepto empieza a formarse incluso antes de nacer. Pero, el auto-concepto, una vez que está establecido, precede, predice y determina los niveles de eficacia y rendimiento de todos los aspectos de la vida de uno. El auto-concepto se convierte en el centro de mando o en el programa principal.

Entonces, el auto-concepto de este conjunto de creencias determina lo que uno dirá, lo que hará, cómo actuará, cómo se sentirá y reaccionará, etcétera. ¿Qué significa esto? Significa que todas las mejoras en la vida externa de uno, los cambios en su realidad, se inician con un cambio en su auto-concepto.

Permítanme explicarles lo que esto significa. He aquí un cuadro muy sencillo, estamos hablando de potencial humano, decimos que la persona media utiliza el 10 por ciento o menos de sus posibilidades (según ciertas investigaciones, quizás mucho menos), el Stanford Brain Institute de Santa Clara – California, calcula que la cifra probable se aproxima al 2 por ciento. Seremos generosos y diremos que la persona media utiliza el 10. Significa que, en el mejor de los casos, la persona media, usted y yo, no utilizamos el 90 por ciento de nuestras posibilidades.

Uno de los mayores filósofos, Oliver Wendell Holmes, dice que la tragedia de la persona media es que cuando se va a la tumba se lleva consigo toda su música. Siguen funcionando muy, muy por debajo de sus posibilidades, así que esta es la potencialidad humana. Hemos hallado que existe una relación directa entre la potencialidad humana y el auto-concepto, pero puesto que nuestros auto-conceptos o nuestras estimaciones acerca de nosotros mismos suelen estar muy por debajo de lo que debieran, nuestro nivel de rendimiento y eficacia también es mucho más bajo. Sabemos que nuestro auto-concepto es subjetivo en gran medida. ¿Qué significa esto? Significa que el auto-concepto, lo que creemos que es la verdad sobre nosotros mismos, no se basa verdaderamente en la realidad, se basa en una información que hemos adquirido y aceptado como verdadera y en la medida en que uno crea algo acerca de uno mismo, lo que cree se convierte en realidad para uno porque se actúa en consecuencia.

Algunos de los que leen su horóscopo están prediciendo su futuro. Hay personas que aceptan las críticas y los juicios de otras personas a las que ni siquiera respetan y creen que estos constituyen una representación adecuada de su propia capacidad. Sea lo que sea lo que uno crea, sea lo que sea lo que uno acepte como la verdad, es lo que se convierte en su realidad. También sabemos que en tanto que adulto, uno dispone de varios auto-conceptos.

Se tiene un auto-concepto en cuanto a la forma de vestirse, en cuanto a lo que uno pesa, lo que uno come, el modo de hablar en público, el tipo de padre que uno es, el tipo de marido, de mujer que uno es, el tipo de amante, el tipo de conductor… es interesante esto de los conductores. Todos los hombres tienen un auto-concepto muy positivo como conductores. Las mujeres no lo comprenden, pero los hombres nacen con un don inherente para la conducción. Todos los hombres son magníficos conductores. Si no lo creen las señoras que me están viendo, lo único que tienen que hacer es acordarse de la última vez que intentaron corregir la manera de conducir de un hombre. Recordarán que la reacción de él no fue muy positiva.

¿Cómo reaccionamos ante alguien que desafía a nuestro auto-concepto sugiriendo que no somos la persona que creemos ser? Nos ponemos a la defensiva, nos enfadamos, nos irritamos, resulta difícil llevarse bien con nosotros. Tenemos un auto-concepto acerca de nuestra creatividad, de nuestra inteligencia, lo deprisa que leemos, lo bien o mal que se nos dan los deportes, si uno practica varios deportes tiene un auto-concepto para cada uno de ellos. Tenemos un auto-concepto para nuestro modo de cocinar, de educar a nuestros hijos, de limpiar la casa, de los coches que conducimos, etcétera. Y también tenemos un auto-concepto en cuanto al dinero que ganamos.

Es interesante saber que nunca se gana más del 10 por ciento más o menos del propio auto-concepto con respecto a los ingresos. Nuestro auto-concepto determina nuestro nivel de ingresos. Este nivel de auto-concepto se denomina “la zona cómoda”, e incluso si usted desea más dinero, hallará que la tendencia humana natural en cualquier acción consiste en luchar para situarse en una zona cómoda y permanecer allí. Que si usted gana el 10 por ciento más por encima del nivel de ingresos de su auto-concepto, experimentará un ansia irresistible por deshacerse del dinero; lo regalará, lo gastará, lo mal gastará, lo dedicará a extravagancias e incluso lo perderá si logra una cantidad suficiente. Cuando a alguien le toca la lotería, en dos o tres años después se ha quedado sin un duro, sencillamente ha quemado el dinero porque la cantidad está muy por encima de su auto-concepto.

Si se cae a un 10 por ciento o más por debajo del nivel del auto-concepto, se empieza a luchar. Se trabaja más, más horas, se piensa con más creatividad, se sopesan varios modos de aumentar los ingresos o segundas fuentes de ingresos. La única manera de mejorar cualquier parte de la vida de uno, incluidos sus ingresos, consiste en elevar el nivel de auto-concepto en cuanto a los ingresos, empezando a pensar en uno mismo continuamente como alguien que gana más dinero. Si se desea adelgazar, la única manera de perder peso es pensar como una persona delgada, empiece a considerarse como una persona más delgada. Si quieres ser una persona más popular y más cariñosa, más sana, empiece a pensar en estas cosas una y otra vez hasta que formen parte de su nuevo auto-concepto. Hablaremos de esto un poco más adelante, forma parte esencial de la programación de la mente para el éxito. Su auto-concepto general viene determinado por la media de sus auto-conceptos en los campos que usted considera importantes.

Pues bien, su auto-concepto se compone de tres partes esenciales. La primera parte del auto-concepto es el auto-ideal. El auto-ideal es la persona que más le gustaría ser, representa su idea de lo que constituye un ganador, representa su visión o su misión o su ideal de lo mejor que usted puede llegar a ser. Una de las cosas que sí sabemos de las personas con éxito es esta, que las personas con éxito tienen unos auto-ideales muy claros, muy claros respecto a quiénes quieren ser en el futuro y las personas sin éxito tienen unos ideales muy vagos.

El punto segundo es su autoimagen. Su autoimagen, el espejo interior, es cómo se percibe a sí mismo en estos momentos en cuanto a su rendimiento actual día a día.

El tercer punto es su amor propio. Su amor propio corresponde a sus sentimientos en cuanto a sí mismo. Los sentimientos en cuanto a sí mismo son la fuerza motriz, son el motor, son la potente fuerza de su subconsciente. Son la fuerza interna de su auto-concepto y determinan prácticamente todo lo que le sucede. La mejor definición del amor propio es que usted se gusta a sí mismo. ¿Hasta qué punto se gusta?, resulta evidente. Cuánto se gusta en tanto que empleado, en tanto que jefe, en tanto que persona que gana dinero, orador profesional, atleta, etcétera.

¿Cuánto se gusta? Su nivel de amor propio, su sensación emotiva general en relación con cualquier aspecto de su vida, determina su rendimiento y eficacia en dicho aspecto. Lo que es maravilloso, puesto que uno se convierte en lo que piensa, es que su auto-concepto es maleable, su amor propio se puede alimentar si se repite una y otra vez: “me gusto, me gusto, me gusto, me gusto”. Cuanto más repita “me gusto, me gusto”, cuanto más lo repita una y otra vez, más crecerá su amor propio y cuanto más crezca su amor propio, más se elevará su auto-concepto general. Cuando su auto-concepto general aumenta, usted rinde mejor en todo lo que intenta. Cada vez que se diga: “me gusto, me gusto, me gusto, me gusto”, es como si se estuviera poniendo una inyección de vitaminas psicológicas. Todo lo que ocurra que haga disminuir su amor propio hará que su rendimiento empeore, le hará equivocarse, ser desgraciado, etcétera.

Un punto crítico en relación con el hecho de gustarse a uno mismo con el amor propio es que, en primer lugar, nunca puede querer a nadie más que lo que se quiere a usted mismo; que su nivel de amor propio determina la calidad de sus relaciones con los demás. Y el segundo punto es que nunca puede esperar que nadie le quiera o respete más de lo que usted se quiere o respeta a sí mismo. El afecto y respeto por uno mismo determina las actitudes de los demás hacia uno. Todas y cada una de las escuelas de psicología actuales están alcanzando un consenso en el hecho de que el aprecio y la aceptación verdaderos de uno mismo, en tanto que ser humano valioso y útil, producen un efecto sobre todo lo que a uno le sucede, sobre el grado de afecto que siente por uno mismo y lo que puede hacer es mejorar su amor propio diciéndose: “me gusto, me gusto, me gusto, me gusto, me gusto”. Esto, nos lleva a la pregunta: ¿De dónde viene el amor propio? Hemos hallado que, el auto-concepto, el auto-concepto es maleable en el sentido de que no se nace con un auto-concepto, no se nace con una idea sobre uno mismo, no se nace con una autoimagen, ni con amor propio. Se nace, en un sentido, como potencialidad pura.

Quizá sea ésta la mejor manera de expresarlo, la persona media viene al mundo como potencialidad pura y no tiene ningún auto-concepto. Todo lo que usted es hoy, todas sus sensaciones, sus actitudes y sus valores los ha tenido que aprender a lo largo de su vida. También sabemos que el niño llega al mundo con una enorme necesidad de amor y de contacto físico y, como nos lo indica una vasta cantidad de investigación, que necesitamos mucho amor y contacto físico a lo largo de nuestra vida, pero especialmente durante nuestros años de formación, porque cuando somos niños aprendemos quiénes somos, cuál es nuestra valía, si somos importantes, inteligentes, dignos de amor, graciosos. Aprendemos todo esto por el modo de tratarnos nuestros padres; si nuestros padres hermanos tíos y tías (sobre todo nuestros padres) nos tratan como niños verdaderamente importantes, crecemos pensando que somos verdaderamente importantes, pero si nuestros padres no actúan así, entonces sucede otra cosa.

Sabemos que los primeros años de vida son los cruciales para el desarrollo del auto-concepto, que un niño parte desde cero. El niño nace sin ninguna idea acerca de quién es, de su valía. Durante el primero, el segundo, el tercer, el cuarto año de vida (algunos psicólogos creían que éste era el caso durante los primeros cinco años, pero ahora dicen que es así durante los tres primeros), durante los tres primeros años de vida el niño aprende quiénes. Se dice que si se le da a un niño suficiente cantidad de cariño de alta calidad durante los primeros tres a cinco años, se le lanza de por vida, se le monta sobre unos cimientos sólidos de amor propio, confianza en sí mismo, en su valía, en su propio valor. De hecho existe una relación directa entre la calidad y la cantidad de amor y el desarrollo de una personalidad sana. Cuanto más amor (amor incondicional) reciba un niño en esos años de formación, más fuerte serán los cimientos de su personalidad.

Por otra parte, prácticamente todos los problemas de psicosis, neurosis, trastornos de la personalidad y problemas de comportamiento tienen su origen en los problemas de fondo del auto-concepto. Ahora bien, podemos volver atrás como adultos. He aquí nuestra personalidad adulta, volvamos atrás como adultos y podremos corregir los efectos de nuestros cimientos, las fisuras si lo prefieren, repitiéndonos una y otra vez: “me gusto, me gusto, me gusto” e inyectando ese cemento reparador en lo más profundo de nuestra personalidad.

Recuerden que los niños necesitan amor, como las rosas necesitan la lluvia. Los niños faltos de amor a menudo mueren por este motivo, es una enfermedad que se llama marasmo. Ahora bien, ¿qué otra cosa sabemos sobre los niños? Sabemos que los niños vienen al mundo con dos atributos remarcables: el primero es que no tienen miedo; los niños nacen sin temores, no tienen miedo a nada salvo a caerse y a los ruidos fuertes y esto se manifiesta con la actitud “yo puedo”. Los niños vienen al mundo creyendo que pueden hacer cualquier cosa y cualquiera que haya criado a un niño hasta los 3 o 4 o 5 años, sabe que durante sus primeros años hay que dedicarse a evitar que se maten, porque son pequeños kamikazes, porque no tienen miedo a nada.

El segundo atributo es que cuando vienen al mundo son totalmente espontáneos, dicen lo que quieren, hacen lo que quieren, no tienen ninguna inhibición, no tienen absolutamente ningún miedo a hacer lo que quieren y esto se expresa exactamente en la actitud “no quiero, no tengo que hacerlo”. Si alguna vez ha intentado controlar a un niño, sabrá que los niños son así; lo primero que dicen cuando se empieza a mandarles cosas, lo primero que aprenden es: “no… no, no quiero”. Naturalmente, con el tiempo, les hacemos cambiar de opinión al respecto de un modo u otro, pero estos son los dos atributos de los niños cuando vienen al mundo. Vienen al mundo sin temores y sin inhibiciones. ¿Qué significa esto? Significa que nuestro patrimonio natural es no tener temores ni inhibiciones y sólo cuando podemos crear la misma situación en nuestra vida adulta, cuando no tenemos temores, ni inhibiciones, llegamos a sentirnos verdaderamente bien con nosotros mismos.

Las mejores organizaciones las mejores empresas son las que crean un entorno donde nos sintamos libres de temor y de reservas a la hora de ser nosotros mismos y de dar lo mejor de nosotros mismos.

Sabemos que, a medida que van creciendo, los niños aprenden de dos maneras. En primer lugar, aprenden por imitación. Imitan a uno u otro de sus progenitores, especialmente al dominante. A veces, el progenitor dominante cambia según el niño va creciendo; a veces los niños imitan al padre, a veces a la madre, pero aprenden por imitación. Muchas de las características y las costumbres que tenemos como adultos, las hemos aprendido de nuestros padres. ¿Ha tenido alguna vez la oportunidad o la ocasión de gritar a uno de sus hijos o de darles una voz? Uno dice las mismas cosas que su padre le decía a uno cuando era niño; imitamos. A veces imitamos su forma de andar, a veces su forma de hablar, a veces sus valores, sus creencias, etcétera, aunque dichos valores y creencias no nos sirvan, ¿por qué? Pues, porque nuestros padres actuaban así con nosotros cuando éramos niños.

La segunda forma en que aprendemos, es pasando de la incomodidad, de lo que no nos hace sentirnos bien, a la comodidad. Freud, denominó a esto: “el principio del placer”. Se debe a que nos dirigimos hacia lo que nos hace sentirnos a gusto, lo que nos da placer, lo que nos hace sentirnos bien en cuanto a nosotros mismos. Pasamos de la incomodidad a la comodidad, así es como nos deshacemos de niños de los pañales, nos decimos que ya no es divertido ir por ahí con los pañales sucios, vemos lo que hacen nuestros padres, nuestros hermanos mayores y nos decimos: “pues esa gente no hace lo que yo” y así aprendemos a andar y así lo aprendemos todo.

De modo que, pasamos de la incomodidad a la comodidad a lo largo de nuestras vidas. Por cierto, así es como aprendemos. Imitamos leyendo lo que los demás han hecho, estudiando en los libros, en el trabajo. Imitamos cuando vamos al colegio y hacemos lo que nos produce resultados positivos, lo que nos da refuerzos positivos y hacemos menos lo que nos cause incomodidad o dolor.

Muy pronto en la vida, por error o como resultado de un error de los padres en la educación, los niños aprenden modelos de hábitos negativos. Los modelos de hábitos negativos tienen su origen sobre todo en las críticas negativas. Las críticas negativas comienzan muy pronto en la vida, a veces durante los primeros meses. Y la crítica negativa la utilizan los padres para dirigir y controlar a los niños. Desgraciadamente, tienen un efecto muy, muy peligroso y destructivo sobre uno, ya que la crítica negativa tiende a socavar la integridad de la personalidad del niño.

Yo mismo y también la mayoría de ustedes, hemos sido socavados y dañados por las críticas negativas más que por todas las guerras de la historia. De resultas de las críticas negativas, empezamos a desarrollar modelos de hábitos negativos. Los modelos de hábitos negativos son reacciones condicionadas ante ciertos estímulos, los modelos de hábitos negativos se desarrollan pronto en la vida, como resultado del miedo y el dolor repetidos, una y otra vez. Se desarrollan como resultados de las críticas negativas, el castigo físico, etcétera. Pronto empezamos a desarrollar dos manifestaciones que nos persiguen a lo largo de nuestras vidas e inhiben nuestra potencialidad. La primera, es la que se conoce como el modelo de hábitos negativos por inhibición. Este modelo se aprende cuando al niño le dicen una y otra vez: “no, vete de aquí, deja eso” y le castigan. Cuando el niño intenta hacer algo nuevo o se mete en algún sitio o huele algo, vierte algo, rompe algo accidentalmente, los padres explotan y se enfadan y se enojan.

Verán, una curiosidad insaciable impulsa al niño a explorar su mundo y lo que sucede es que cuando explora y se mete en algún sitio o tira algo, si los padres reaccionan dándole azotes, el niño pronto empieza a pensar: “cada vez que intento algo nuevo, algo diferente, cada vez que cruzo mis fronteras, cada vez que salgo de mi zona cómoda, cada vez que me arriesgo me dan de azotes, me castigan, me hacen daño, me mandan a mi habitación y me siento fatal” y pronto el niño desarrolla la sensación de que “no puedo, no puedo, no puedo, cada vez que intento algo nuevo me castigan; no puedo, no puedo, no puedo”.

Es como el experimento de Pavlov. Pavlov tocaba la campana y daba comida a un perro y el perro salivaba y Pavlov tocaba la campana mientras daba de comer al perro, el perro salivaba y continuaba salivando, hasta que pronto Pavlov no tenía más que tocar la campana y el perro salivaba. Lo que sucede en la vida adulta es que esto produce lo que conocemos como “miedo al fracaso”.

El miedo al fracaso es una reacción condicionada ante un proceso de críticas negativas que se produce durante los 5 o 6 primeros años de vida. El miedo al fracaso nos impulsa de manera automática, sentimos ansiedad, tensión, inquietud, sentimos tensión en el plexo solar, nos dan ganas de retirarnos y alejarnos del acontecimiento y el miedo al fracaso es la principal razón para el fracaso en la vida adulta. Es la razón principal para que nos reprimamos a la hora de realizar nuestra potencialidad. De hecho, todos los modelos de hábitos negativos se experimentan en el cuerpo físico. Se puede distinguir un modelo de hábito negativo porque, de hecho, se siente en el cuerpo físico.

El modelo de hábito negativo por represión, el miedo al fracaso, el “no puedo” se manifiesta en primer lugar en el plexo solar. ¿Le ha sucedido usted alguna vez tener que hablar en público, tener que participar en una evaluación o tener que hablar sin estar preparado? Primero, siente tención en el plexo solar, si continúa el miedo o la situación, empieza a respirar con dificultad y su corazón empieza a latir más deprisa, empieza a respirar más deprisa y se le produce un dolor de cabeza parecido a una jaqueca en la parte anterior de la cabeza. A veces, se le hace un nudo en la garganta y es incapaz de hablar y se le seca la boca y, como siente tanta tensión y temor se le produce una urgente necesidad de ir al lavabo. Todas estas son manifestaciones, no existe un peligro físico, pero existe un peligro psicológico, una reacción condicionada. Cuando sentimos esto, tendemos a retirarnos de la situación que lo produce, este es el motivo para que no logremos demasiados y nos reprimimos.

El segundo modelo de hábito negativo, es el compulsivo. El modelo de hábito negativo compulsivo se aprende cuando de niños nos dicen una y otra vez: “¡hazlo o verás!” “Si no lo haces, te la cargas”. Se convierte a los niños en recipientes de amor condicionado. No es la intención de los padres, pero lo que hacen es sugerirle al niño que: “no te quiero, así que no estarás seguro hasta que hagas lo que deseo”. El niño crece sintiendo que tiene que hacer lo que quiere mamá; “tengo que complacer a mamá, tengo que complacer a papá, tengo que complacer a los demás, tengo que complacer a mis hermanos”. Con el tiempo “tengo que complacer a mis compañeros, tengo que complacer a mis profesores, tengo que complacer a todo el mundo”. Y crecen con esta cantaleta: “tengo que, tengo que, tengo que, no puedo hacer lo que quiero, tengo que hacer lo que complace a los demás”.

Este modelo de hábitos negativos compulsivos, adquirido pronto en la vida, se convierte en un “miedo al rechazo”. El miedo al rechazo se experimenta en los adultos como el comportamiento del tipo A (hablaremos del comportamiento del tipo A más adelante en este curso). El comportamiento de tipo A, es una necesidad compulsiva o una necesidad compulsiva excesiva de complacer de algún modo, sin disponer de unas normas de actuación, de modo que nunca se pueda llegar a lograrlo. El miedo al rechazo nos impulsa, nos hace muy, muy sensibles a las necesidades de los demás, hacemos lo que quieren los demás, no hacemos lo que nosotros queremos, siempre estamos intentando complacer a los demás, nos preocupan las opiniones y los sentimientos y las actitudes de los demás, hasta el punto de que nos negamos nuestras propias necesidades.

El miedo al rechazo se siente en la parte posterior del cuerpo. Si se divide el cuerpo por la mitad, se siente como baja por la parte posterior del cuerpo. El primer punto donde se empieza a sentir el miedo al rechazo, suele ser en los hombros y el cuello. Se empieza a sentir como rigidez y tensión. A veces, cuando se tienen muchas cosas que hacer, se siente una enorme tensión en la parte baja de la espalda; los músculos empiezan a contraerse. A veces, se manifiesta como flebitis y varices y con frecuencia puede producir fuertes dolores en la parte posterior de la cabeza. Las arterias carótidas, que transportan sangre a la cabeza, los músculos a su alrededor, se contraen y disminuye el flujo de sangre a la cabeza, con lo que se produce un fuerte dolor pulsante en la parte trasera de la misma.

Estos dos miedos, los modelos y hábitos negativos de compulsión y de inhibición, son el resultado de la crítica negativa, la gran destructora de la personalidad que nos atormenta a lo largo de nuestras vidas.

Lo maravilloso en ese sentido es que, puesto que son modelos de hábitos aprendidos, los podemos desaprender. Podemos superar el miedo al fracaso que nos reprime. Podemos superar el miedo al rechazo que nos hace hacer lo que complace a los demás y no lo que nos complace a nosotros, si trabajamos sobre nuestro amor propio. Porque existe una relación inversa entre el amor propio y el modelo básico de hábitos negativos, porque cuanto más se guste uno, menos temerá el fracaso. Cuanto más se guste uno, menos temerá el rechazo. Cuanto más se guste uno, menos temerá y si sigue repitiendo “me gusto, me gusto, me gusto”, una y otra vez, si continúo diciéndolo, con el tiempo su amor propio crecerá más y más y sus temores disminuirán. Cuando aumenta el amor propio, los temores siguen la dirección opuesta.

¿Cómo se hace frente a la crítica negativa, si se tiene que criticar a los demás? Pues es muy sencillo, muchos padres nos lo han preguntado: ¿cómo se controla a los niños? Una de las claves del control sobre los niños es dirigirles de modo que hagan cosas constructivas, no cosas destructivas. Otra cosa que se debe tener en mente, es que de lo que se trata es de emitir una crítica informativa positiva, lo que significa que deben decir a los niños lo que pueden hacer o a los adultos lo que pueden hacer para mejorar.

Recuerden, la intención de las reacciones de cualquier tipo, ha de ser mejorar el rendimiento. Si usted es un padre o un jefe o si participa en una relación, cuando alguien hace algo equivocado o inadecuado, el objeto de cualquier reacción que se le dé es que lo hagan mejor la próxima vez. Sin embargo, existe una relación directa entre amor propio y crítica negativa. Cada vez que se critica a alguien, su amor propio disminuye. Cada vez que el amor propio disminuye, también disminuye la capacidad de rendimiento. Si se critica negativamente a alguien durante un tiempo y con una intensidad suficiente, llega un punto en el que no intentará hacer absolutamente nada, se convierte en lo que se denomina “personas hipersensibles”.

Un adulto hipersensible no puede aceptar las críticas de nadie. Un adulto hipersensible, es una persona que siente una enorme tensión y ansiedad incluso si sólo se le llega a sugerir que no está haciendo lo adecuado. Si tienen que tratar con un adulto hipersensible, la clave consiste en sentarse a hablar con él y recordar cuatro cosas: primero, empiece siempre con un elogio. Segundo, proteja a toda costa el amor propio de la persona. Tercero, que los comentarios sean sobre las actuaciones, no sobre la persona; hable del comportamiento no de la persona. Y el cuarto punto, consiste en enfocar el futuro, no el pasado, hable de lo que se hará de otra manera en el futuro, no de lo que sucedió en el pasado. ¿Por qué? Una razón sencilla es que no se puede controlar el pasado, al no poderlo controlar, cualquier crítica sobre lo que se ha hecho en él produce una enorme tensión y frustración.

Resumamos, la clave para el éxito en la vida consiste en una actitud mental positiva. Una actitud mental positiva se basa en las expectativas de éxito, en un conjunto de expectativas positivas. Un conjunto de expectativas positivas se basa en las creencias y el auto-concepto. El núcleo del auto-concepto, lo que determina la eficacia en la vida, es el amor propio y el amor propio se mide por el afecto que uno siente por sí mismo. Las dos cosas que nos retienen más son: el miedo al fracaso y el miedo al rechazo.

De modo que, uno de los secretos principales del éxito es este: conviértase en un organismo en generación perpetua de amor propio, dedíquese continuamente a hacer cosas para usted mismo, a usted mismo en su vida, que puedan hacer que se quiera, que se ame, que se acepte, que se respete, que le hagan encontrarse estupendo. Si es un jefe o un padre, recuerde que la clave para un rendimiento óptimo en su hogar y en su trabajo consiste en que la gente se considere estupenda. Cuanto mejor se encuentre uno, cuanto más se quiera, más fácil será hacer que la gente que le rodea se quiera, se ame, se acepte y se respete y así se creará un entorno de rendimiento óptimo. Este es el punto de partida para los grandes éxitos y logros en la vida. Así que, repítase una y otra vez: “me gusto, me gusto, me gusto, me gusto, me gusto”.

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