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Como Hacerse Cargo De Su Vida - 5 de 27

Cómo Hacerse Cargo De Su Vida – 5 de 27

(5 DE 27) COMO HACERSE CARGO DE SU VIDA

por Brian Tracy | ElSeminarioFenix.com

Cómo hacerse cargo de su vida – Módulo 5

Dijimos en la primera serie de módulos que el punto de partida para todo rendimiento máximo es el amor propio. El amor propio consiste en lo que uno se aprecie, se ama, se acepta a sí mismo en tanto que ser humano válido y útil.

La segunda parte del rendimiento máximo (creo que los dos son requisitos clave), la segunda parte es la responsabilidad; amor propio más auto responsabilidad, reforzándose entre sí. Y lo que dice la autorresponsabilidad es que usted es el arquitecto de su propio destino, es el amo de su propia suerte, es totalmente responsable de sí mismo, que todo lo que es y será depende de usted y solamente de usted. Puede creer en un poder superior, como es mi caso. Puede decir que el poder superior es el responsable, pero ya saben “a Dios rogando y con el mazo dando”.

Y, durante esta vida terrenal, usted está a cargo de su propia vida, está a cargo de lo que le suceda. Si no le gusta el modo en que las cosas se están desarrollando, de usted depende cambiarlas, pero de ningún modo puede trasladar esta responsabilidad a los demás. Todo este asunto de responsabilidad es muy controvertido y verá, según hablamos en esta sesión, que es un asunto que ha de comprender con claridad absoluta si desea lograr su plena potencialidad en tanto que ser humano.

Vengamos aquí, una de las cosas que sabemos es que tenemos un inicio infantil al nacer; escribiré “I” de infantil, así empezamos y vamos creciendo. Nos hacemos adultos a los 18 años. Empezamos con cero responsabilidades y según nos aproximamos a la edad adulta vamos adquiriendo cada vez más responsabilidad hasta que, para cuando nos hacemos adultos, a los 18 años, si nuestros padres nos han educado bien, si nos han preparado, si nos han animado a ser independientes, si nos han animado a tomar nuestras propias decisiones y a pensar por nuestra cuenta y planificar nuestras vidas, a los 18 años legalmente y desde un punto de vista psicológico, moral, mental, físico y todo lo demás, estamos listos para hacernos cargo de nuestra vida.

Ahora bien, si sus padres no le han preparado para ser plenamente responsable en la edad adulta, no importa. A la edad de 18 años, desde los 18 años en adelante, durante el resto de su vida, tendrá el ciento por ciento de responsabilidad, nunca podrá absorberse de la responsabilidad, durante el resto de su vida todo lo que le suceda dependerá de usted, totalmente y sin remisión. La divisa de la persona verdaderamente responsable es: “si ha de suceder… si ha de suceder, depende de mí”. Lo que significa en palabras de Henry Ford: “nunca te lamentes, ni te justifiques. Nunca te lamentes, nunca te justifiques”. Lo que esto significa es que si no le gusta cómo están las cosas, de usted depende modificarlas y si no está dispuesto a tomar medidas para cambiarlas entonces no se lamente, sencillamente acéptelas. Los hombres y las mujeres que lo son de verdad, no se quejan de las dificultades de la vida, simplemente las aceptan como las dificultades de la vida y hacen algo al respecto o se callan.

Así que, si ha de suceder, depende de mí. Si ha de suceder, depende de usted. Esta es una de las cosas más difíciles de comprender porque, mientras somos niños, estamos en una etapa en la que somos totalmente dependientes y al serlo, somos si lo prefieren, un modelo de hábitos o una respuesta condicionada y buscamos los motivos para las cosas en nuestro exterior. Según nos hacemos adultos, si no tenemos cuidado, conservaremos esta dependencia y añoraremos lo que se conoce como la “pseudo-seguridad de la infancia”, aquel periodo de la infancia en que alguien nos cuidaba, nos daba de comer y nos vestía y nos proporcionaba un hogar y un colegio y todo eso, no nos teníamos que preocupar de nada porque había alguien que se hacía cargo de todo. Según vamos creciendo, vamos a la escuela y allí se preocupan de todo y si nos descuidamos, entramos en el mundo del trabajo y una vez más, ellos están ahí. Siempre es alguien ajeno a nosotros, en última instancia, quien es responsable de nosotros.

Una de las cosas que comentaré más adelante, es el concepto general del auto desarrollo. La mayoría de la gente, cuando termina los estudios estatales, cree que el sistema estatal tiene que seguir educándolos. Si nadie viene a continuar su educación, ellos sencillamente no hacen nada. Esto ilustra la diferencia entre madurez e inmadurez y aquí un ejemplo muy sencillo:

Imaginen, una vez más, el transcurso de la vida desde la infancia hasta la edad adulta. Todo el mundo llega a un punto antes o después en el que se encuentra con un gran acantilado, un enorme precipicio que es el lado de la inmadurez. Este es el lado de la infancia, es el lado en el que dependemos de los demás y buscamos en los demás las respuestas y las soluciones, miramos en nuestro exterior. En este punto, llegamos al borde del precipicio. Al otro lado vemos la tierra de la madurez, de la edad adulta y cada uno de nosotros tiene que decidir pasar dando un enorme salto de ser un niño, a ser un adulto. A veces, se nos impone este salto. A veces, el paso se produce como una evolución. Pero, antes o después, tenemos que tomar la decisión de aceptar el hecho de que estamos a cargo de nuestras vidas, que somos los arquitectos de nuestro destino y luego, seguir adelante.

¿Qué hace la mayoría? Desgraciadamente, la mayoría da marcha atrás en este punto. Contraen matrimonios en los que alguien les cuidará, encuentran trabajos en los que esperan que sus jefes se ocupen de ellos, etcétera. O sencillamente, eluden la responsabilidad buscando el motivo de todo lo que les sucede en otras personas y otras circunstancias; la culpa la tiene su constitución, su salud, la manera de tratarle sus padres, etcétera. No son verdaderamente responsables. Por otra parte, a veces deciden tomar algo de responsabilidad, no mucho, lo que es el equivalente a intentar saltar un precipicio en dos saltos y desgraciadamente, la gran mayoría de la gente acaba en el valle que hay abajo, en el valle de las excusas.

La gran mayoría de la gente se pasa la vida entera en el valle de las excusas, excusándose en vez de progresar. Hay quien tiene la costumbre de elaborar excusas para justificar sus fracasos y sus insuficiencias, esto es fatal para el éxito. La costumbre de escucharse es fatal para el éxito de modo que la pregunta que uno se ha de formular al hablar de la responsabilidad es: “¿qué excusas utiliza para no seguir adelante?”.

Tolstoi, cuenta una historia que se ha hecho famosa. Tolstoi y sus hermanos jugaban a que en el jardín había un cofre que contenía la respuesta a todos los enigmas de la vida y que este cofre se podría encontrar debajo de cierto arbusto, siempre que no se pensara en un gran conejo blanco. Siempre que la mente no estuviera ocupada en pensar en el gran conejo blanco, que no se pensara en el gran conejo blanco, se podría encontrar la respuesta a todos los misterios de la vida. Por supuesto, nadie encontró el cofre ni halló las respuestas al misterio de la vida, porque nadie podía dejar de pensar en el gran conejo blanco.

La pregunta que nos debemos hacer es: ¿cuál es nuestro gran conejo blanco? ¿En qué pensamos nosotros? ¿Cuál es la excusa que aparece en nuestra mente siempre que pensamos en algo que podríamos hacer o deberíamos ser? Un trabajo nuevo, un reto, una oportunidad, un cambio de algo en nuestra vida que no nos guste. ¿Cuál es su conejo blanco? ¿Cuál es la excusa que se materializa en su mente? Se dice: “no puedo hacer eso porque…”. Otra cosa sería: “sí, me gustaría, pero… siempre hay un motivo, soy demasiado joven, demasiado viejo, demasiado alto, bajo, no soy lo suficientemente culto, soy demasiado inculto, no es el momento oportuno, no es el lugar oportuno, etcétera…”. ¿Cuál es su conejo blanco, que tiene en el fondo de su mente que hace que se excuse, que le impide hacerse responsable, que le mantiene en el país de la infancia, la inmadurez y la irresponsabilidad? Esta pregunta es muy, muy importante.

Cuando hablamos de responsabilidad, hablamos de otra cosa. Decimos sencillamente que la aceptación de la responsabilidad no es algo optativo. A muchos nos gustaría pensar: “bueno aceptaré un poco de responsabilidad aquí y tomaré un poco allí”. Pues no, la aceptación de la responsabilidad no es optativa; desde los 18 años somos responsables al ciento por ciento, no hay elección al respecto. De hecho, pocas cosas hay en la vida en las que no haya elección pero en este caso no la hay, es obligatorio. Es obligatorio, si desean desarrollar su potencialidad. Si desean convertirse en todo lo que son capaces de convertirse, deben aceptar la responsabilidad total para producir las circunstancias, hacer los cambios, tomar las decisiones difíciles que son necesarias.

Si toman la palabra responsabilidad, saben que la pueden dividir en dos: responder y habilidad. Y una de las cosas que he aprendido al estudiar la historia, es que toda la vida es una serie de retos, dificultades, problemas, obstáculos que hemos de afrontar y la diferencia entre los ganadores y los perdedores no es la diferencia en los problemas, porque todo el mundo los tienen y muchos. La mayoría de las personas tienen más problemas y más serios de lo que usted y yo nos podamos imaginar. La diferencia en la vida, la diferencia entre los ganadores y los perdedores está en las respuestas al problema.

Hace muchos años, un hombre llamado Oswald Spengler escribió un libro en el que hablaba de lo que él llamaba “la teoría de la reacción ante los retos”. Esta teoría, decía sencillamente que el auge y el declive de las civilizaciones se producen en la medida en que hacen frente a los retos con eficacia y reaccionan con eficacia. Una pequeña sociedad empieza siendo pequeña y casi siempre sufre el reto de un enemigo externo o de la naturaleza o de la climatología o de cualquier otra cosa. Si la sociedad reacciona de manera positiva y constructiva ante el reto, la sociedad crece. Según crece, va dando pie a retos y dificultades adicionales y si reacciona ante ellos de manera efectiva, crece más.

Oswald Spengler, estudió los veintiún grandes imperios de nuestra civilización y halló que absolutamente todos han seguido este ciclo. Mientras una civilización continúa enfrentándose con el reto, crece y se hace cada vez más fuerte. La causa de la importancia de esta analogía es que nosotros, en tanto que seres humanos, somos exactamente iguales. Crecemos, en la medida en que reaccionamos con eficacia, en la medida en que hacemos frente a los retos que la vida pone en nuestro camino, sin excusarnos.

Si consideramos a los grandes hombres y mujeres de la historia: Albert Schwitzer, Winston Churchill, George Washington, Abraham Lincoln, Franklin Roosevelt, observamos que estas personas excepcionales siempre son las que hicieron frente a los retos de su tiempo. Si alguna vez desea conseguir hacer frente a los grandes retos, lo que ha de hacer es lo siguiente: empezar a hacer frente a los pequeños retos de todos los días, lo que significa que pase lo que pase, ha de aceptar el reto, aceptar la responsabilidad, negarse a buscar excusas y seguir adelante.

Hay tres aspectos de la vida, de la vida moderna, que se deben tener muy, muy en cuenta. El primero es: “la política”. Si miran a su alrededor, verán que se habla mucho de que es el gobierno quién tiene que hacer las cosas, el gobierno quién es el responsable… se le hace responsable al gobierno. Lo que la gente quiere, es que el gobierno sea su papá. Quieren que el gobierno les proteja, les cuide. Cuanto más vote uno a los políticos para que le resuelvan las cosas, más control da a los políticos. Verán, nunca se puede entregar la responsabilidad, solamente se puede entregar el control. ¿Cómo se da el control? Pues votándoles para que gasten más, para que legislen aún más su negocio, dispone aún más de su dinero y así sucesivamente.

El segundo aspecto –pero antes acabaré, el impulso hacia la estatalización, la colectivización, el socialismo, representan de algún modo, un deseo de hacer al gobierno responsable de los retos de nuestras propias vidas–, el segundo aspecto donde esto se puede observar, es en el sistema de la justicia penal. El sistema penal. Una característica de todos los criminales es que se niegan a hacerse responsables de sus crímenes. Éstos siempre se deben a algo o a alguien, siempre se deben a su infancia, a sus orígenes, o a los demás. Para salir del mundo del crimen, lo que tienen que hacer es aceptar la responsabilidad en cuanto a los crímenes que han cometido y decir: “yo lo hice, nadie me obligó, yo soy responsable”. Y sólo así, consiguen no volver a la cárcel.

El tercer aspecto, es la medicina. Hoy sabemos que casi todos los problemas médicos tienen un origen psicológico, nos los causamos nosotros mismos. El ciudadano norteamericano medio pesa entre 5 y 10 kilos de más. En medicina, damos por sentado que la responsabilidad corresponde al médico. Imagínense cómo nos cuidaremos si estuviéramos en una isla desierta para el resto de nuestras vidas, sin médicos, ni enfermeras, ni hospitales, ni nada. Nada de lo que echar mano.

Este es un punto muy importante, así que en nuestra sociedad observaremos un clamor, una exigencia: “no soy responsable, quiero que otro sea responsable”. Pero esta es la clave, recuerden que siempre somos libres de elegir. Podemos elegir nuestras respuestas, podemos elegir la calidad de nuestra vida emocional. Sabemos que decidimos cómo nos vamos a sentir por nuestro modo de reaccionar, decidimos cuando enfadarnos, cuando estar alegres, tristes, decidimos cuál va a ser nuestra actitud cuando nos levantemos por la mañana, decidimos la calidad de nuestra vida física, somos los únicos que decidimos lo que vamos a comer, lo que bebemos lo que no vamos a comer o beber. Determinamos la calidad de nuestra vida económica, somos los únicos que determinamos la calidad y la cantidad del trabajo que realizamos. En cada uno de los casos podemos elegir libremente lo que queremos, si queremos que las cosas sean distintas, el punto de partida es la adaptación de una responsabilidad plena e incondicional sobre nuestra vida.

Descubrí por primera vez todo el concepto de la responsabilidad cuando tenía 21 años. Vivía en un pequeño apartamento. Estaba trabajando en la construcción, a 35 bajo cero en el exterior. No tenía coche, no tenía dinero en el banco, toda mi ropa era vieja, no había podido aprobar el bachillerato. Miré a mi alrededor aquel invierno, en aquel pequeño apartamento, sin futuro y con muy poco pasado y me dije: “si algo ha de cambiar, depende sólo de mí”. En aquel momento me asusté de verdad, de repente me di cuenta de que si quería que mi vida cambiara, era yo quien tenía que hacerla cambiar.

Si hay una idea que les quiero transmitir con esta pequeña anécdota, esta sencilla anécdota, es la siguiente: que el punto de partida hacia las estrellas, el punto de partida para hacerme cargo de mi vida, el punto de partida para obtener grandes éxitos y grandes logros, consiste en la aceptación de una responsabilidad completa e incondicional; si ha de suceder depende de mí, si ha de suceder depende de usted.

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