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Siete Leyes Mentales – 2 de 27

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(2 DE 27) SIETE LEYES MENTALES

by Brian Tracy | ElSeminarioFenix.com

Siete Leyes Mentales; Módulo 2

El punto de partida del conocimiento de uno mismo consiste en reconocer el siguiente hecho maravilloso; usted es extraordinario, usted es único. Hay una posibilidad de entre 50 mil millones de que exista alguien idéntico a usted; y la anatomía, la fisiología y la medicina, han demostrado que en cada parte de su cuerpo la composición de su sangre es distinta a la de cualquier otra persona que jamás haya vivido. Sus huellas dactilares son diferentes, sus huellas labiales son diferentes, hasta las huellas de los dedos de sus pies son únicas, las huellas de los dedos de sus pies son distintas a todas las demás, usted es diferente a todos los demás y el conocimiento de uno mismo empieza con la aceptación del hecho de que uno es un individuo único y especial y que tiene la capacidad de hacer algo maravilloso con su propia vida.

Dicho esto, también diré, que usted es igual a cualquier otra persona en cuanto a determinados principios básicos.

A lo largo de la historia de la humanidad, los hombres y mujeres más inteligentes que hayan existido han buscado la solución al enigma de la humanidad: ¿Qué puede hacer la gente para modificar su calidad de vida, sus relaciones y sus resultados? Los grandes filósofos, los grandes metafísicos, los grandes sabios han dedicado mucho tiempo el asunto, a veces vidas enteras. En nuestro propio siglo, se de hombres y mujeres que han dedicado diez, veinte, treinta, cuarenta, incluso cincuenta años a estudiar el éxito y los logros, para encontrar normas y principios generales en los que nos podemos basar para tener más éxito.

Lo primero que debemos tener en cuenta, la base de todo este curso, la psicología del éxito, es esta: que usted es una criatura mental, que solamente le hace único su mente. Todo lo demás, como dijo el dramaturgo Eugene O’Neill, lo tenemos en común con un caballo o un cerdo.

Su mente es lo que le hace único. Su cuerpo se limita a transportar su mente y al igual que la electricidad funciona según las leyes de la electricidad, la física funciona según las leyes de la física y la naturaleza funciona según las leyes de la naturaleza, hay ciertas leyes que determinan todo lo que a usted le sucede. Estas leyes mentales son tan inexorables como la ley de la gravedad, funcionan ininterrumpidamente y cualquier éxito que logre en la vida se deriva de vivir su vida en armonía con las leyes mentales básicas y cualquier problema o dificultad que usted experimente en su vida se deriva de no vivir su vida en armonía con esas leyes básicas.

Ahora bien, las leyes mentales funcionan ininterrumpidamente al igual que la gravedad funciona ininterrumpidamente. Lo que esto significa es que si se tira desde un edificio de 10 pisos en su ciudad o en Londres – Inglaterra o en Lima – Perú, se va a estrellar en la acera independientemente de que usted sepa de la gravedad, crea en la gravedad, esté de acuerdo con la gravedad o de que la gravedad le convenga. Sea como sea, la gravedad va a actuar sobre usted. Las leyes mentales son exactamente iguales. En este curso les voy a presentar una veintena de leyes mentales, algunas son más importantes que otras, pero es imprescindible que las comprenda todas.

Empecemos con la primera de las leyes mentales. La primera ley mental y por cierto se ha escrito sobre ellas y han sido objeto de estudio siglo tras siglo y muchas de ellas han sido versificadas por las principales universidades e institutos de investigación y grupos de especialistas a lo largo de estos últimos años y se ha demostrado que son tan verdaderas como se había pensado, la primera ley es la que denominamos la ley del control.

La ley del control es muy sencilla, es una ley elemental y volveremos a ella una y otra vez. Dice sencillamente lo siguiente: que o bien usted está satisfecho consigo mismo, tiene sentimientos positivos sobre sí hasta el punto de que siente que controla su propia vida o bien tiene sentimientos negativos sobre sí mismo hasta el punto de que siente que no controla su propia vida. Lo que debe hacer es examinar su vida en este momento y preguntarse: ¿Cuáles son los aspectos de su vida que considera que se le dan mejor? ¿Qué partes de su vida cree que controla mejor? Descubrirá que estas son las parcelas en las que se siente más feliz.

Puesto que el bien máximo para el ser humano consiste en estar en un estado de felicidad que se expresa como serenidad y relaciones afectivas, el control es algo absolutamente esencial. Los psicólogos actuales dominan a esto la diferencia entre un foco de control interno que supone la sensación de que uno domina su propia vida, en contraposición con un foco de control externo que viene a ser una sensación de que algo ajeno a usted, sus facturas, sus relaciones, su trabajo, su salud, le controlan a usted de algún modo.

De hecho, en la investigación sobre el emplazamiento del foco de control y existen muchas pruebas que usted puede realizar para determinar cómo está usted situado en este gráfico en cuanto al foco de control y lo que hay en su vida que usted cree controlar más o menos, las personas con un foco de control interno muy marcado, los que obtienen muchos logros, tienen más éxitos, se auto determinan de mayor medida, son más felices. Y una de las muchas cosas que intentamos hacer en este curso, es dotarle de un sentimiento de control mucho mayor sobre cada aspecto de su vida.

El control se inicia, en primer, lugar con sus pensamientos. Es interesante saber que sus pensamientos, las cosas en las que piensa y cómo piensa, determinan sus valores. Determinan lo que está sucediendo en su interior. Una vez almacenados sus pensamientos, determina sus sensaciones; si está contento o triste o si tiene miedo o está seguro de sí mismo, sus sensaciones determinan sus acciones. De modo que empezamos con la ley del control diciendo que la clave del éxito consiste en sentirse uno amo de su propio destino, sentir que uno lleva el volante de su propia vida.

Usted dirige su vida por medio del control total y completo de sus pensamientos. Sus pensamientos controlarán sus sensaciones. Sus sensaciones controlarán sus acciones. Las acciones (y recuerden), las acciones siempre determinarán si llega o no al éxito. La ley del control es importante.

En contraposición con la ley del control, tenemos lo que se denomina la ley del accidente. En realidad, la ley del accidente es un principio metafísico. Es solamente una ley como una norma de tráfico o como una ley jurídica en la medida en que vivamos de acuerdo con ella de manera consecuente. La ley del accidente, es la que sigue más o menos el 80 por ciento de la población. La ley del accidente dice sencillamente que al no planificar usted está planificando el fallo. No planificar es planificar el fallo.

La mayoría de la gente no cree vivir así, pero si estudian sus vidas verán que es verdad. No planificar es planificar el fallo. Estas personas son las que dicen: “no se trata de lo que sepas, sino de a quien conozcas… hay que estar en el lugar oportuno, en el momento oportuno… es la suerte es la suerte de los dados, etcétera”. Estas personas son las que debido a su sensación de que su vida está controlada por fuerzas externas, no tienen unos planes claros ni tienen unas metas definidas, no están trabajando de manera persistente y consecuente día a día para lograr lo que desean. Sus vidas parecen ir a la deriva, dan vueltas y vueltas como un barco sin timón; y una persona, al igual que un barco sin timón, una persona sin un plan central es una persona con muy poco control, es una persona que siente en efecto que no controla su vida, que está cayendo a través del espacio sin un lugar donde pararse y estas personas son invariablemente desgraciadas.

El motivo para que la gente sea negativa hoy en día, para que sea desgraciada, que esté enferma y se sienta decepcionada, el motivo para que la gente logre menos de lo que son capaces de lograr en la vida es que la mayoría vive de acuerdo con esta ley del accidente y al actuar así no tienen sensación de control sobre sus vidas. No tienen una sensación de paz interior, de felicidad, etcétera. De modo que, vamos a enseñarles cómo se pueden liberar de la ley del accidente para siempre.

La ley siguiente es la que se denomina la ley de causa y efecto. La ley de causa y efecto dice que para cada efecto en la vida hay una causa específica. Todo lo que sucede en el universo sucede por un motivo. Nada se produce por accidente, el fracaso no se produce por accidente, el éxito no se produce por accidente. La felicidad o la ausencia de ella son el resultado de causas y efectos en nuestras relaciones. Si se produce un efecto en su vida que le hace querer más, más éxito, más dinero, más felicidad, mejor salud, se puede buscar su origen en una causa. Todo progreso en la vida y en la sociedad humana tiene sus raíces en la identificación de las causas que hacen que queramos más o menos de algo y la modificación de las causas.

Por supuesto, la ley de causa y efecto es la ley férrea del universo. Si lo prefieren es la ley a la que podemos recurrir una y otra vez y muchas de nuestras leyes son una paráfrasis de esta ley férrea. También se conoce como la ley de la siembra y la cosecha. Lo que siembra será lo que recoja. Pero la ley férrea, la ley de causa y efecto nos da una sensación total de control. Si creemos que existe una relación causa – efecto, que todo sucede por un motivo, entonces tendremos una enorme sensación de control en nuestras vidas y podremos identificar las causas y duplicarlas.

Podemos hacer lo que queramos en nuestras vidas. La aplicación más importante de la ley de causa y efecto es esta: los pensamientos son causas. Los pensamientos son causas y las condiciones son efectos. Los pensamientos son causas y las condiciones solo efectos. El punto de partida para todos son sus pensamientos sobre algo, sus pensamientos sobre un trabajo, sobre una relación, sobre su salud, sobre su futuro. Sus pensamientos se convierten en agentes causantes y las condiciones se convierten en los efectos. Si desean cambiar algunas de las condiciones de sus vidas, han de cambiar los pensamientos que captan dichas condiciones, han de cambiar lo que está sucediendo en sus mentes.

Ahora bien, lo maravilloso es que sólo hay una cosa en el universo sobre la que usted tiene un control total y son sus pensamientos. Así que, si se hace con el control total y completo de sus pensamientos y hace que sus pensamientos y lo que usted desea sean positivos, se reduce la condición de que los efectos vendrán por sí mismos de manera tan inevitable como una ley de la naturaleza.

La siguiente ley, es la que se llama la ley de la creencia. La ley de la creencia dice sencillamente que lo que usted crea con sentimiento (y esta es la clave, con sentimiento), con toda la emoción que pueda poner en una creencia, se convierte en su realidad. Se convierte en su realidad porque siempre actuará de manera consecuente con sus creencias, de hecho la totalidad de su realidad en este momento es su elaboración de una imagen externa de sus creencias sentidas con intensidad. Si cree algo positivo o si cree algo negativo o en palabras de Henry Ford: “tanto si cree que puede hacer algo, como si cree que no puede hacerlo, tiene razón”.

Muchas creencias forman nuestras realidades.

En la medida en que creemos que algo es verdad, nuestras creencias actuarán como una especie de cedazo; filtrarán cualquier información que no sea consecuente con nuestras creencias. Tenemos un deseo profundo en nuestro interior de ser consecuentes, de modo que siempre estamos intentando visualizar nuestro mundo, racionalizarlo, interpretar nuestro mundo de manera que sea consecuente con lo que hemos decidido creer. Desarrollamos puntos ciegos, no vemos las oportunidades, estamos convencidos de que no hay oportunidades, no veremos las posibilidades de éxito mientras no creamos que el éxito es posible para nosotros. Sin embargo, si empezamos a modificar nuestras creencias, modificamos nuestra realidad.

Permítanme darles un ejemplo; es la historia de un joven de un pequeño pueblo de los Estados Unidos. Es una historia verídica, se publicó en una revista de psicología hace un par de años. Este chico sacó sobresalientes a lo largo de todos los estudios secundarios. Cuando terminó estos estudios hizo el examen de selectividad. Unas semanas después recibe una carta de la universidad que decía: “ha obtenido una puntuación de 98 en la prueba de selectividad, por la presente queda admitido en la universidad”.

No sabía mucho sobre las pruebas de selectividad y pensó que el 98 se correspondía a un coeficiente de inteligencia. Un coeficiente de inteligencia de 98 es ligeramente inferior a la media y representa unos 20 puntos menos de los que se necesitan para entrar en la universidad. Él estaba convencido de esto y descartó toda la experiencia de sus estudios secundarios y todos sus sobresalientes. Estaba convencido de no estar capacitado para los estudios universitarios, pero se matriculó en la universidad en otoño.

Transcurrido el primer trimestre, estaba suspendiendo o sacando aprobados raspados en todas las asignaturas. Su consejero le llamó y le preguntó: “¿Qué te pasa? Sacaste muy buenas notas en la escuela secundaria y estas asignaturas solo están a un nivel de dificultad por encima de las del año pasado, ¿tienes problemas con las chicas, con las drogas, no te has adaptado? ¿Qué te pasa?” Él contestó: “Brand, hago todo lo que puedo, no es mía la culpa, solamente tengo un coeficiente de 98”.

El consejero tenía su historial encima de la mesa y le dijo: “¿Qué estás diciendo?” Él contestó: “en la carta de la universidad me dijeron que había obtenido un 98 en la prueba de selectividad”. El consejero dijo: “pero eso no es un coeficiente de inteligencia, es un percentil. Quiero decir que superaste el 97 por ciento de los estudiantes del país que hicieron el mismo examen, eres uno de los mejores alumnos de esta universidad”.

Bueno pues, este chico comprobó su prueba de selectividad, vio que en efecto el 98 era un percentil no un coeficiente de inteligencia. Volvió a sus asignaturas y dos años después estaba entre los diez primeros estudiantes de los 30.000 de su universidad. Iba a la cabeza en todas sus asignaturas. Una vez que modificó su realidad, una vez que modificó sus creencias acerca de su inteligencia, su realidad cambió automáticamente.

Ahora bien, un punto importante en este sentido consiste en que cada uno de nosotros tiene unas creencias por medio de las cuales se auto limita. Cada uno de nosotros cree estar limitado de algún modo. Cada uno de nosotros cree estar limitado en cuanto a inteligencia, creatividad, capacidad de ganar dinero –no puede vencer, no puede hablar en público–, creemos que no somos capaces de ser puntuales, que no tenemos dotes para la mecánica y así sucesivamente.

Una investigación exhaustiva ha demostrado que el talento está bastante bien repartido entre la población. Que la mayoría de las limitaciones que tenemos no existen en la realidad, existen solo en nuestra mente; y uno de los puntos de partida para los grandes logros consiste en empezar a poner en duda esas creencias que nos auto limitan y a deshacernos de ellas. Hacer como si no existieran y cuando se actúa como si no existieran, van y desaparecen.

Bien, pues la siguiente ley se llama la ley de la expectativa. La ley de la expectativa es la ley de la que se ha hablado a lo largo de toda la historia de la humanidad, al igual que la ley de las creencias. La ley de la creencia, según William James de Harvard, crea el hecho real; según piense y crea el hombre en su interior, así será. La ley de la expectativa dice una y otra vez: “lo que esperes es lo que obtendrás, no lo que desees, sino lo que esperes.”

Nuestras expectativas, especialmente nuestras expectativas sobre los resultados, nuestro modo de pensar acerca de cómo van a salir las cosas se convierten en nuestra propia profecía que llega a cumplirse. Y el doctor Robert Rosenthal, de la universidad de Harvard ha realizado un centenar de experimentos sobre la teoría de las expectativas, sobre lo que se conoce como la teoría de las expectativas y ha hallado que las expectativas de uno tienen un efecto sobre otras personas, acontecimientos y circunstancias, incluso si estas expectativas proceden de una información totalmente falsa.

Lo que usted espere confiadamente –en otras palabras, si usted espera confiadamente que sucedan cosas buenas, ¡sorpresa, sucederán!  Si espera confiadamente que le sucedan cosas malas, entonces le sucederán cosas negativas. Las personas de mayor éxito han desarrollado una actitud de esperanzada confianza en que le sucedan cosas buenas; esto se llama la actitud de auto expectativa positiva, la actitud del ganador. El ganador espera que le sucedan cosas buenas. De antemano, el ganador espera ganar y he aquí que cualquier cosa que se espere confiadamente tiende a suceder, incluso si la información en la que se basan las expectativas es totalmente falsa.

Me gustaría darles un ejemplo de expectativas. Hace algunos años, el doctor Rosenthal realizó varios experimentos distintos y llego a la conclusión de que las expectativas que los profesores tenían acerca de los alumnos producían un efecto enorme sobre su capacidad de aprendizaje y sus notas medias. De manera que elaboró una serie de experimentos y uno de los principales, de tremenda importancia, fue el siguiente:

Fue a un colegio de la zona de la bahía de san francisco al principio del año escolar y pidió al director que llamara a tres profesores. El director les informó que debido a su excelencia, habían sido seleccionados como los tres mejores profesores del colegio. A cada uno se le asignarían treinta alumnos, los más inteligentes del colegio, identificados en base a pruebas de coeficiente de inteligencia realizadas al final del trimestre anterior. Tendrían la oportunidad de enseñar a estos estudiantes a lo largo de un año completo y los expertos calcularon que estos estudiantes reflejarían un aumento medio en sus resultados escolares de entre un 20 y un 30 por ciento a lo largo de dicho curso académico.

Una de las condiciones que se les impuso a los profesores es que no dijeran nada, ni a los alumnos, ni a los padres de éstos. Debían seguir enseñando del mismo modo y las clases se controlaban cuidadosamente para asegurar que se enseñaba igual que se había enseñado antes, con la única diferencia de que los profesores sabían que iban a enseñar a 30 alumnos brillantes durante ese año.

Los profesores estaban encantados, se entregaron totalmente estaban ilusionadísimos, trabajaron mucho en aquellos alumnos. Les dedicaron tiempo después de las clases, se comprometieron con la enseñanza más que nunca y al final del año académico las tres clases iban a la cabeza no sólo del resto del colegio, sino de la totalidad del distrito escolar en cuanto a logros académicos.

Al final del año, llamaron a los profesores. Les dijeron: “¿ha sido un buen año?” Ellos respondieron: “desde luego, esos chicos eran muy inteligentes, ponían mucho interés”. A lo que contestaron: “quizás deberíamos decirles la verdad; este ha sido un experimento. Y de hecho, al inicio del curso seleccionamos al azar los nombres de 90 chicos y les asignamos a sus clases, ni siquiera sabemos cuál era su coeficiente de inteligencia”.

Los profesores dijeron: “qué curioso, ¿a qué se deberá que sus resultados han sido tan buenos?” Luego se miraron y dijeron: “claro, es porque somos los tres mejores profesores de este colegio”. A lo que vino la respuesta: “la segunda parte, es que al principio del curso pusimos los nombres de todos los profesores en un sombrero y los suyos fueron los tres primeros en salir, así que esto es lo que se conoce como un doble experimento ciego, todo es lo mismo menos las expectativas”.

La expectativa, en cuanto a los profesores era explicita: “creemos que sois profesores excelentes”. Las expectativas de los profesores en cuanto a los alumnos eran implícitas; nunca se manifestaron, sencillamente los profesores trataron a sus alumnos como si realmente fueran inteligentes y los alumnos florecieron. En una de las clases, el coeficiente de inteligencia de un alumno aumentó en 25 puntos a lo largo de aquel curso. En experimentos posteriores, el coeficiente de un alumno aumentó hasta en 27 puntos, lo que demuestra que los profesores con expectativas elevadas logran que se manifieste en los alumnos una inteligencia totalmente inesperada.

Marva Collins, famosa educadora de la zona interior de chicago, halló que si se trata a los alumnos como si fueran inteligentes y se trabaja con ellos como si fueran muy brillantes, se pueden conseguir unos logros académicos absolutamente sorprendentes. Esto nos lleva al papel crítico de las expectativas en la vida.

El primer aspecto de las expectativas en su vida, el número uno de las expectativas que afectan al individuo, son las de sus padres. Hemos averiguado que como adultos tendemos a lo largo de toda nuestra vida a subir o bajar hasta llegar al nivel de las expectativas de nuestros padres. Si hemos tenido unos padres fuertes, que nos apoyaban y nos querían y alentaban y que han creído en nosotros siempre, haremos lo posible de manera subconsciente para vivir una vida consecuente con dichas expectativas. Si hemos tenido unos padres que nos criticaban y condenaban y se quejaban de nuestras notas y demás, hallaremos que a lo largo de nuestra vida tendremos a reprimirnos. Así que tengan cuidado con este punto: ¿Cuáles eran las expectativas de sus padres? ¿Eran positivas? ¿Eran negativas? ¿Eran alentadoras o desalentadoras? Y, ¿hasta qué punto le afectan hoy en día?

El segundo campo de la expectativa es: las expectativas de su jefe. En todos nuestros estudios, especialmente en nuestros estudios sobre la excelencia en las empresas, hemos observado que los jefes con expectativas elevadas logran unos entornos laborales de alto rendimiento. Sin embargo, si usted tiene un jefe negativo y crítico, si su jefe tiene expectativas o actitudes negativas es muy probable que su rendimiento sea ínfimo. De hecho, si considera su vida laboral en su totalidad, estará de acuerdo en que los momentos de su vida que más le han satisfecho son aquellos en que trabajaba con un jefe que tenía expectativas positivas en cuanto a usted y sus capacidades, ¿no es así?

El tercer punto de las expectativas es: sus expectativas en cuanto a los demás, especialmente en cuanto a sus hijos, su cónyuge, su pareja, en cuanto a los subordinados que se miran en usted. Verá, las opiniones de cualquier persona por la que sintamos respeto nos afectan profundamente. Si usted tiene expectativas positivas en cuanto a la gente que le rodea, sobre todo en cuanto a sus hijos, se produce una tendencia a que dichas expectativas se cumplan. De modo que la norma básica en ese sentido es: espere siempre de palabra y obra cosas buenas de los demás y dígales continuamente: “creo en ti”.

Y el cuarto punto de las expectativas es: las expectativas en cuanto a uno mismo. En último término, estas son las más potentes. Si tienen unas expectativas positivas muy altas en cuanto a usted mismo, le sorprenderán los efectos que producirán en su vida. Siempre, siempre… espere lo mejor.

He aquí un pequeño ejercicio que aprendí de un alumno de uno de mis seminarios. Él se dio cuenta de que al iniciar todos los días con un sencillo ejercicio diciéndose a sí mismo: “creo que hoy me va a suceder algo maravilloso, creo que hoy me va a suceder algo maravilloso”, este pequeño ejercicio modificaba totalmente su actitud. A lo largo de todo el día, la suya era una actitud de expectativa confiada, en el sentido de que todo lo que le iba a suceder a lo largo del día sería quizás la cosa maravillosa que le iba a suceder.

Y sabe, si hace esto, si antes de acostarse se dice: “creo que mañana me va a suceder algo maravilloso”. Y a lo largo de todo el día se dice: “creo que hoy me va a suceder algo maravilloso”, hallará que, cuando se duerma, a la noche siguiente –y pruébelo hoy, es un ejercicio muy potente, parece un poco cursi, pero si lo prueba vera que es un ejercicio muy potente– hallará que cuando se vaya a la cama, ni siquiera será capaz de recordar todas las cosas maravillosas que le han sucedido. Le sorprenderá ver que encuentre sitio donde aparcar, le llaman los amigos, recibe cheques en el correo, su vida será una serie de acontecimientos felices. De modo que, espere siempre lo mejor: “creo que hoy me va a suceder algo maravilloso” y debido a la inexorabilidad de la ley de la naturaleza, les sucederá. Le puedo asegurar que ha sido así para miles y miles de personas que han seguido nuestro curso, que quedaron atónitos ante los efectos de este pequeño ejercicio tan cursi.

La siguiente ley se llama la ley de la atracción. La ley de la atracción se limita a decir que usted es un imán viviente, un imán que atrae inevitablemente a su vida a gente y circunstancias que están en armonía con sus pensamientos dominantes. Sabemos que en el universo la energía está en un estado de vibración, que todo vibra; este tablero vibra, su piel vibra, todas las sustancias vibran debido a su estructura molecular. Sabemos también que existe una ley de radiación, que todo vibra hacia fuera (un proceso de entropía). Hallamos que lo que uno piensa (nuestros pensamientos también son una forma de energía), está vibrando y emanando de uno y viaja a la velocidad de la luz, puede afectar a las personas y a las circunstancias desde una distancia enorme. ¿No le ha sucedido alguna vez estar pensando en alguien, que suene el teléfono y quién llama es esa persona? ¿No le ha sucedido nunca llamar a alguien y que le diga: “ahora mismo estaba pensando en ti”? Es algo que salta a la vista. No le ha sucedido nunca estar en concordancia con su marido o su mujer y pensar: “me gustaría ir a cenar a tal sitio”, y de marcar y que le digan: “¿porque no vamos a cenar a tal sitio?”. Todos estos son ejemplos de la ley de la atracción.

Para muchos, la ley de la atracción es una de las leyes más importantes de la existencia. Siempre se atraerá hacia uno a personas y circunstancias positivas o negativas en armonía con los propios pensamientos dominantes. Lo que piensa de manera continuada es lo que atraerá su vida, lo que atraerá a su vida como un imán. Por eso es tan importante centrar los pensamientos en lo que uno quiere y mantenerlos en lo que uno desea y alejar los pensamientos de lo que uno no desea. Y por cierto, según vaya avanzando y desarrollándose y haciéndose más ducho y agudo en estos métodos, la ley de la atracción trabajará para usted más deprisa y con mayor precisión. Así que, cuidado con usarla bien.

La última ley que comentamos en esta sección se llama la ley de las correspondencias. La ley de las correspondencias dice –y Jesús habló de ella: “tal como sucede en el interior, sucede en el exterior; tal como sucede en el interior, sucede en el exterior”. Esto sencillamente significa que nuestro mundo exterior es un espejo y este es probablemente el término más adecuado, nuestro mundo es un espejo que le refleja sencillamente lo que sucede en nuestro mundo interior. Nuestro mundo exterior es el resultado de nuestro mundo interior, lo que sucede dentro refleja lo que pasa afuera.

Si quiere cambiar su mundo exterior, debe cambiar su mundo interior. Esto significa que tiene que observar su nivel de salud, lo que sucede en términos de su salud física está determinado directamente por lo que está sucediendo en su mente. Lo que sucede en sus relaciones es el ejemplo perfecto, porque cuando uno se siente bien en su interior sus relaciones transcurren con más suavidad. Si uno siente negatividad o tensión en su interior, sus relaciones funcionan mal. Las relaciones reflejan como la imagen de un espejo la calidad de la propia personalidad. Uno puede saber hasta qué punto es sana su personalidad observando las relaciones que le rodean. La salud es algo muy importante, el nivel económico, el nivel de comodidad del que uno dispone, está en relación directa con lo que uno haya introducido en su mente en términos de pensamiento y preparación para lograr riqueza y abundancia.

Si desea tener más éxito en su exterior, ha de tener más éxito en su interior. Cuanto más trabaje sobre su interior (que es la única parte de su vida que usted puede controlar), cuanto más trabaje sobre su interior más deprisa cambiará su mundo exterior. El gran error en la vida y el motivo para que la mayoría de la gente sea desgraciada se debe a que la mayoría de las personas intentan cambiar el mundo exterior, que no pueden controlar, y dejan que su mundo interior siga en desorden. Es igual que intentar que un automóvil funcione mejor lavando la carrocería, puliéndola y cambiando las ruedas. Lo que hay que hacer es trabajar sobre el mecanismo interno. Según cambia uno su mentalidad, según cambia lo que sucede en su interior, va cambiando lo que sucede en el exterior.

Hace muchos años Conan Nightingale, el eminente filósofo se despertó en mitad de la noche pensando en una cita que cambió su vida y la de millones de personas y que están bastante relacionada con todas estas leyes que estamos comentando. Dice sencillamente así: “uno se convierte en lo que piensa, uno se convierte en lo que piensa”, y puesto que lo único que se puede controlar es nuestra forma de pensar, si modificamos lo que pensamos empezaremos a cambiar nuestra realidad.

Si usted cambia sus expectativas, si cambian sus creencias, si cambian sus pensamientos predominantes, si cambia su mecanismo interno empezará a atraer a su vida a personas, circunstancias, acontecimientos, oportunidades y en consecuencia usted cambiará sus pensamientos. El motivo para que la gente no tenga éxito es que sus pensamientos son pensamientos de falta de éxito o de fracaso. Otro punto que es muy, muy importante es que toda casualidad es mental. Vivimos en un universo mental, toda casualidad es mental. Si desea modificar su universo, debe cambiar su mentalidad y esto nos lleva al punto más importante de todos, es sencillamente este –lo escribiré aquí: si cambia su modo de pensar, cambia su modo de pensar y cambia su vida. Cambia su modo de pensar y cambia su vida.

A lo largo de los años, usted ha acumulado y recopilado una enorme cantidad de información, ha acumulado y recopilado una gran cantidad de experiencias, algunas positivas y otras negativas. Todas y cada una de ellas están almacenadas, todas y cada una de ellas están produciendo un efecto sobre lo que le está sucediendo en este momento.

En el nuevo testamento, Jesús dijo una frase preciosa que cito y en la que pienso continuamente: “Por sus frutos los conoceréis”. Lo que esto significa, es que se puede saber lo que está sucediendo en el interior de una persona, la vida básica del carácter y los pensamientos de una persona, viendo los frutos de su vida exterior; su salud, sus relaciones, sus niveles de éxito. Si uno cambia su forma de pensar, cambia su vida, y según vaya avanzando este curso, le vamos a mostrar de manera sistemática cómo puede cambiar su forma de pensar y llevarla a una perfecta correlación en su interior con el tipo de vida positiva, feliz, dinámica, vital, con el éxito que desea en el exterior.

Siete Leyes Mentales – 2 de 27

Cómo Eliminar Emociones Negativas – 6 de 27

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(6 DE 27) COMO ELIMINAR EMOCIONES NEGATIVAS

by Brian Tracy | ElSeminarioFenix.com

Cómo eliminar emociones negativas – Módulo 6

Sigamos hablando del tema de la responsabilidad frente a la falta de responsabilidad. Hace muchos años, en 1972, empecé a estudiar la psicología de la evolución de la potencialidad del ser humano y una de las cosas que se me hizo evidente en aquellas lecturas, y de la que nunca me recuperaría, fue el comentario sobre la relación entre la falta de responsabilidad y las emociones negativas. Y el hecho de que las emociones negativas sean las grandes emociones que bloquean o paralizan su vida; y mi vida.

El objeto de la vida –si lo desean, consiste en lograr niveles superiores de serenidad, felicidad, contento, satisfacción, etcétera. Nos tenemos que parar a pensar y decirnos: “¿qué es lo que nos frena, lo que nos bloquea, lo que nos impide disfrutar plenamente de nuestras vidas?” Invariablemente, hallamos que se trata de algún tipo de emoción negativa. No estoy hablando de las emociones negativas que sentimos a diario y nos quitan la serenidad, salud y energía. Que afectan a nuestras relaciones afectivas, que se entrometen en nuestra independencia económica, o nos despojan de una sensación de plenitud, etcétera. En esta sesión, vamos a hablar de cómo eliminar las emociones negativas y quiero volver al asunto de la responsabilidad.

Esta es una de las cosas más importantes que he aprendido en mi vida, consiste sencillamente en lo siguiente; tomemos un gráfico o una tabla –vamos a ver, dibujemos un gráfico y vamos del máximo al mínimo. He aquí a una persona totalmente responsable; esta es la persona totalmente segura de sí misma, totalmente responsable, que jamás se excusa… y aquí, al otro extremo, tenemos a una persona irresponsable que tiene excusas para todo. Este es el extremo positivo de la escala; este es el extremo negativo. Todos nosotros –ustedes y yo, estamos en algún punto de esta escala, subiendo o bajando según cada decisión que tomemos.

Ahora bien, hemos hallado –y esto es lo que me llegó al alma, como dije un poco antes, que existe una relación directa entre la medida en que uno crea que controla su propia vida y lo positivo o feliz que se sienta. Pues bien, existe una relación directa entre la cantidad de responsabilidad que uno acepta y la cantidad de control que experimenta en su vida. Y existe una relación directa entre la cantidad de responsabilidad y control que uno acepta y la cantidad de libertad que cree tener.

La libertad es un requisito indispensable para la felicidad. El verdadero éxito, la verdadera felicidad en la vida consiste en gozar de la libertad de vivir su vida a su modo, como lo desea, sin que nadie le diga lo que tiene que hacer, viviendo como un pájaro, libre como un pájaro para hacer lo que quiera. Pues bien, hay una relación directa entre responsabilidad, control y libertad; y una relación directa entre estas tres y las emociones positivas. Las emociones positivas son las grandes emociones; las emociones positivas son las de felicidad y amor y alegría y vitalidad y energía y exuberancia, entusiasmo, etcétera.

Al otro extremo, sin embargo, tenemos una actitud de irresponsabilidad. ¿A qué nos lleva esto? Esto es lo que tanto me sorprendió cuando lo supe, nos lleva a una falta de control. En la medida en que no somos responsables, perdemos control. Nuestro ser interno se desintegra y se fragmenta. También nos lleva a una falta de libertad, porque ya no nos vemos como agentes libres que elegimos la dirección de nuestras propias vidas, sino que nos vemos como peones de ajedrez, como víctimas si quieren, de fuerzas externas y la falta de control y de libertad, lleva a emociones negativas. Cuando empecé a comprender esto, pensé: “sí, ¿pero qué hay de mis padres, que de mi infancia y de mi estado –no tenía un trabajo muy bueno– y de mis amigos –tenía unos amigos desastrosos–, qué hay de mi salud y del clima, qué hay de la economía?” Cuando empecé a darme cuenta de esto, empecé a comprender que lo puedes apartar.

Tu mayor fin, tu mayor meta son las emociones positivas de felicidad, alegría, libertad y entusiasmo, etcétera. Uno tiene que dejar de excusarse. Karl Lichterfel, el gran psicoanalista dijo algo muy interesante hace algunos años, dijo: “las dolencias físicas son todas distintas, las causan distintas bacterias, distintos virus, etcétera”. Pero dijo: “la enfermedad mental es la misma enfermedad, sólo que repartida en una gama de menor a peor”. Y, Thomas Szasz, el psiquiatra dijo en su libro “El mito de la enfermedad mental”: “no existe una enfermedad mental; existen, sencillamente, distintos grados de irresponsabilidad”. De modo que cuando decimos que una persona irresponsable no es solamente negativa, sino que una persona irresponsable es también un enfermo mental, que una persona totalmente responsable está mentalmente sana, ¿qué les parece?

Pues bien, sé que quieren progresar tanto como pueden, porque si no, no estarían haciendo el esfuerzo de seguir un programa como este. Hay una relación directa entre la cantidad de responsabilidad que aceptan –en relación con los resultados de su organización– y la cantidad de poder e influencia, posición y categoría que tendrán en su trabajo ahora y en el futuro.

Arriba, en el gráfico de la responsabilidad, tenemos a las personas que aceptan la responsabilidad totalmente; y el poder y la oportunidad gravitan hacia ellos. Abajo no tenemos ni poder, ni falta de poder, hasta que llegamos al ejemplo extremo de una persona totalmente irresponsable, completamente fuera de control a la que hay que retener en una camisa de fuerza y encerrar en una habitación acolchada para su propia seguridad y la de los demás. Totalmente desprovista de poder, totalmente desprovista de control y de libertad.

Cada vez que tomamos la decisión de ser responsable hacia nosotros mismos, vamos subiendo en este gráfico. Cada vez que decidimos excusarnos, vamos bajando. Llevemos la cosa un poco más lejos, hablemos de la relación entre emociones negativas e irresponsabilidad, de modo que lo comprendan con toda claridad.

He aquí un perfecto ejemplo: imagínense un árbol. Bien, he aquí un árbol. He aquí los arbustos. En el árbol de las emociones negativas crecen las emociones negativas predominantes. La duda, muchos consideran que la duda en cuanto a uno mismo es la emoción negativa más destructiva, les retiene mucho más de lo que se imaginan. También el odio es una emoción negativa. Luego están la envidia, el resentimiento y por supuesto la hermana del resentimiento; la culpabilidad. Todas son grandes emociones negativas, han ido a la cabeza de la profesión durante años. Existen unas 54 emociones negativas, pero estas son las principales. Si se toman estas emociones negativas y se reducen a su emoción favorita (por cierto todos tenemos nuestras emociones negativas favoritas, la suya podría ser la envidia, la lástima de uno mismo también es fuerte, se da con frecuencia), se reducen y se averigua que todas las emociones negativas, se reducen finalmente a la ira. Ya se exprese de manera interna, cuando uno se da asco a sí mismo, o de manera externa, que es cuando se da asco a los demás.

Y este árbol de emociones negativas, veamos, examinemos su estructura. El árbol negativo tiene raíces.

Del sistema de raíces vienen los elementos nutritivos que hacen crecer las emociones negativas y hacen que las frutas de las emociones negativas crezcan y florezcan. Examinamos este sistema de raíces y nos decimos: “¿Cuáles son los elementos nutritivos?” Nos preguntamos: “¿qué es lo que alimenta las emociones negativas? ¿Cuál es el abono? ¿Qué es lo que se echa al fuego, si lo quieren o lo que se le echa a la tierra?” Y averiguamos que dos cosas son esenciales para mantener con vida las emociones negativas.

La primera es la justificación… justificación. Esto consiste en decirse a uno mismo, o a cualquiera que escuche, qué es lo que justifica el que uno tenga esa emoción. Y la otra es la identificación, la identificación consiste en tomar las cosas de manera personal, por eso se dice que quien actúa como abogado de sí mismo tiene a un tonto por cliente. Quien actúa como médico de sí mismo también tiene un tonto por paciente, porque nos identificamos personalmente tanto con nuestra propia situación –y ustedes también–, lo enfocamos de manera tan personal, que nos dejamos guiar desde el punto de vista de las emociones.

Así que, no es posible que uno sea negativo en cuanto a nada durante mucho tiempo, a no ser que lo pueda justificar y tenga una razón y se lo explique a los demás, o a no ser que uno se puede identificar con ello y tomárselo como algo personal. Por ejemplo, si alguien llega del aparcamiento y dice que acaba de dar un golpe a un coche, allí no nos molesta porque no nos sentimos identificados. Pero, imaginen que oyen que han dado un golpe a un coche en el aparcamiento, que ese coche es el de usted y que quien le dio el golpe ya no está; uno se enfada muchísimo. Recuerden esto, sin embargo, siempre elegimos estas respuestas. Volveré a este punto en un momento.

¿Cómo se deshace uno de la justificación? ¿Cómo podemos matar de hambre al sistema de raíces del árbol de las emociones negativas? Nos deshacemos de las emociones negativas llegando a no emitir juicios. En la biblia se dice: “no juzgues y no serás juzgado” y puesto que la biblia, entre otras cosas, es un libro de filosofía, de física, de cómo vivir, esto quiere decir sencillamente que nos abstengamos de juzgar. No juzguen, en lugar de emitir el juicio de que alguien es culpable de algo, que alguien ha hecho algo, permanezcan abiertos y neutrales. La clave consiste en ser neutral. Evite que la emoción negativa se desarrolle. Una de las cosas que sabemos acerca de las emociones negativas –y las he estudiado durante años, es que las emociones negativas empiezan como un chispazo, se alimentan cuando nos obsesionamos con ellas, cuando las justificamos y emitimos juicios sobre la situación, crecen y crecen y crecen, hasta que llegan a consumir nuestras mentes.

O lo que concierne a la identificación, que quiere decir tomar las cosas desde el punto de vista personal, lo que hacemos es lo que denominamos: des-identificarnos, nos objetivizamos o una vez más, mantenernos neutrales. Intentamos mantener la distancia con las cosas, decimos: “existe un problema, pero no soy yo; hay una dificultad, pero no soy yo” y así mantenemos las distancias.

De modo que estas dos empiezan una vez que empezamos a dejar de justificarnos y de identificarnos, de tomarlo todo personalmente y de dejarnos involucrar emocionalmente. ¿Le ha sucedido alguna vez que alguien le haya venido con un problema y usted llega a tal compenetración emocional con el problema que empieza a sentirse mal y cuando ellos se van y dejan de tener el problema usted sigue ahí y sigue sintiéndose fatal porque se lo ha tomado de manera personal?

Sin embargo, la clave para deshacerse de las emociones negativas –y esto es lo más importante, es el tronco; cortar el tronco del árbol de las emociones negativas. Y el tronco de las emociones negativas es el reproche. El reproche constituye el 99 por ciento de las emociones negativas.

Ahora bien, resulta importante comprender de dónde vienen las emociones negativas. Las emociones negativas van de dentro hacia afuera. Las emociones negativas no están contenidas en las situaciones externas. Las emociones negativas no están causadas por otras personas o situaciones. Las emociones negativas las causan nuestra respuesta ante las situaciones.

He aquí un ejemplo idóneo: dos personas se enfrentan con la misma situación; un atasco, un camarero grosero o lo que sea, y una de ellas se enfada y se desquicia. La otra persona no deja que la situación la afecte. Otro ejemplo: la misma persona en dos días distintos, un día discute, se le pincha una rueda o llega tarde al trabajo, le pilló un atasco y se enfada y se desquicia. Al día siguiente se despierta muy temprano, desayuna agradablemente con su familia, dispone de tiempo para llegar al trabajo y cuando le pilla un atasco, no le molesta en absoluto. Ambos casos son un ejemplo de emociones negativas y no se derivan de la situación.

Resulta que uno siempre es libre de elegir la calidad de su vida emotiva. Uno elige enfadarse. Nadie, entiéndalo bien, nadie les hace sentir nada, nadie les hace estar enfadados, nadie les produce tensión nerviosa, nadie les trastorna. Uno siempre decide cómo se va a sentir y, si no pone cuidado, desarrollará un modelo de hábito negativo que consiste en culpar al otro.

El reproche es el núcleo de todas las emociones negativas. Cuando se deja de reprochar, se corta el árbol de las emociones negativas, se corta de raíz, se mata y simultáneamente se hace morir a las emociones negativas. Es casi como si este árbol de emociones negativas fuera como las luces de un árbol de navidad y uno arrancara el enchufe de la pared. ¿Qué pasaría? Pues bien, lo que pasaría sería que todas las emociones negativas (las luces) se apagarían de golpe, así de pronto. ¿Cómo se hace esto? Pues se hace utilizando la ley de la sustitución.

Recuerden que la ley de la sustitución dice que “la mente consciente solamente tiene sitio para un pensamiento a la vez”. El pensamiento contenido en la mente consciente determina cómo reaccionarán las emociones y cómo reaccionará la mente subconsciente, puesto que solamente tiene sitio para un pensamiento a la vez, lo que hay que hacer es lo siguiente: se hace salir el pensamiento que causa la emoción negativa, el pensamiento de reproche y se sustituye con esta afirmación: “soy responsable, soy responsable, soy responsable”, al mismo tiempo que se piensa: “me gusto, soy responsable”. Es la afirmación positiva más potente que se puede utilizar.

En el momento en que uno dice “soy responsable”, de repente, uno se vuelve a encontrar al volante. No se puede decir soy responsable y sentir una emoción negativa al mismo tiempo. Una anula a la otra en la mente consciente. Y, por ejemplo, podría empezar, cada uno de nosotros tiene una situación que nos exaspera. Para ustedes hay una situación (o podría ser una persona) que cada vez que piensan en ella les hace enojarse. Cada vez que piensan en ella se enfadan, se aturden. Lo que hay que hacer cuando uno empieza a pensar en esta situación es neutralizarla diciéndose: “soy responsable; un momento, soy responsable”. ¿Se trata de una relación? ¿Quién le metió en la relación? ¿Vino alguien con una pistola que le obligó a hacerlo o se metió en ella usted solito? ¿Se trata de su trabajo, es una inversión, algún problema de salud? En cualquier caso, acepte la responsabilidad.

Ahora bien, hay una enorme diferencia entre aceptar responsabilidad, voy a escribirlo. Responsabilidad frente a reproche. ¿Qué es el reproche? El reproche siempre mira hacia el pasado. El reproche mira hacia el pasado, lo que no se puede deshacer, lo que no se puede cambiar. La responsabilidad siempre mira hacia el futuro. Así que la gente dice: “bien, cuando se acepta la responsabilidad, ¿no equivale a decir que uno tiene la culpa?” No, equivale a decir que uno es quien se hará cargo de la calidad de su forma de pensar de ahora en adelante.

Así que, digamos que sale al aparcamiento y alguien ha abollado su coche. Puede hacer dos cosas: puede enfadarse y trastornarse, correr y gritar o actuar de manera responsable. Puede hacer todo lo posible para buscar al culpable y aparte de eso puede vivir con ello como una persona madura. La responsabilidad siempre mira hacia el futuro, siempre se hace esta pregunta cuando se enfrenta con un problema: “¿Qué podemos hacer?” y no “¿Quién tiene la culpa?”

“¿Qué podemos hacer desde aquí? ¿Hacia dónde podemos ir desde aquí? ¿Qué podemos hacer?” Esta es la pregunta de la persona responsable. No lloramos por lo que ya pasó, lo que hacemos es decir: “bueno, cuál es la solución” y seguimos adelante. La persona irresponsable dice: “¿quién lo hizo?” Y se obsesiona con averiguar quién lo hizo, tomando las culpas y distribuyéndolas de manera que a todos les toque su parte de la culpa, lo que por supuesto, no hace nada por resolver la dificultad.

De modo que, la clave para cortar el árbol de las emociones negativas, consiste en usar el hacha y eliminar los reproches. El día en que empiece a eliminar el reproche de su vida, es el día en que empezará a lograr cosas, porque el día en que empiece a eliminar reproches y emociones negativas, de repente, la mayoría de los problemas de las cosas que se interponen entre usted y la felicidad que desea desaparecerán.

¿Por qué insisto tanto sobre las emociones negativas? Permítanme un momento para que lo aclare, lo que he averiguado –y esto es lo que fue asombroso para mí, porque siempre ha estado dedicado a lograr mi potencialidad como ser humano–, es que no se puede avanzar en la vida salvo en la medida en que se eliminen las emociones negativas. No se puede progresar, no se puede ir más allá de donde uno está en este momento, salvo en la medida en que deje atrás sus emociones negativas.

Por cierto, con respecto a las emociones negativas que se han asociado con otra persona o situación, resulta difícil aceptar la responsabilidad. Inicialmente, resulta difícil decir: “soy responsable”, porque se lleva mucho tiempo reprochando a esa persona. De modo que, a veces, se tiene que decir a regañadientes: “un momento, yo soy responsable, yo soy responsable”. Cuanto más se repita esto: “soy responsable, soy responsable, soy responsable”, más y más fácil resultará.

Llega un momento en que, cuando uno piensa en esa persona o esa situación, se pueden neutralizar los pensamientos por medio de la ley de sustitución diciendo: “soy responsable, soy responsable”. Hay una frase preciosa que también se puede utilizar para tratar con personas difíciles, se corresponde al amor propio y también tiene que ver con la eliminación de las emociones negativas, consiste en decir algo así, independientemente de lo que hagas o digas: “sigo siendo una persona válida y útil”. O, independientemente de lo que suceda: “sigo siendo una persona válida y útil”.

El transcurso natural de la vida es así; he aquí el camino de la vida. De niños, empezamos sin ninguna emoción negativa –por cierto, hay que enseñar las emociones negativas a los niños, se les tienen que enseñar y el niño les tiene que aprender de sus padres–. ¿Han visto alguna vez un bebé negativo? No existe tal cosa. Se ríen y son felices, lloran cuando necesitan algo, pero los bebés no son negativos. Según crecemos, vemos a la gente a nuestro alrededor y empezamos a desarrollar nuestras emociones negativas, que llevamos en una alforja a la espalda. Cuando llegamos a la adolescencia, la alforja es lo suficientemente grande como para ir a casa de nuestros amigos, reunirnos con nuestros compañeros y hablar de lo terrible que ha sido nuestra infancia, los horribles que son nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros profesores y todo lo demás.

Cuando nos hacemos adultos… ¿Cuál es el distintivo de los adultos en nuestra sociedad? El distintivo de los adultos, es que llevamos un enorme fardo de emociones negativas, porque hemos sufrido. ¿Qué es lo que sucede? Durante la mayor parte del tiempo que transcurrimos con otras personas tenemos la guardia baja contándoles lo que hemos sufrido. Lo que hacemos es utilizar los intercambios de emociones negativas como base para nuestras relaciones. Te enseño las mías y tú me enseña las tuyas. ¿Recuerdan cómo lo hacíamos de niños? Y lo que hacemos es juntarnos como un par de comerciantes en un bazar árabe y enseñarnos nuestras emociones negativas. Decimos: “mire esta infancia horrorosa, esta relación terrible, vea lo horrible que es mi jefe, lo malo que es esto, etcétera” y las intercambiamos.

¿Qué sucede cuando se habla y se piensa en nuestras emociones negativas?

¿Recuerdan la ley de la concentración? Aquello en lo que uno se centre, crecerá. Aquello en lo que uno se centra crece, se refuerza y sigue con vida. Por cierto, las emociones negativas –y eso es otra cosa que aprendí en el estudio–, las emociones negativas, son algo muy frágil y necesitado de afirmación. Si no se las mantiene vivas, hablando de ellas en todo momento y cuidándolas como es debido, ¿saben lo que pasa?, se mueren. Si, las emociones negativas se mueren. Es como el fuego; si cae donde no hay nada, si una chispa cae donde no hay nada que pueda arder, se apaga. Las emociones negativas, a no ser que se hable de ellas y se las mantenga vivas, como no se piense en ellas constantemente, se mueren.

¿Le ha sucedido alguna vez estar muy preocupado por algo, trastornado por algo que le preocupaba constantemente y llegar al trabajo y enfrascarse tanto en otra cosa durante dos o tres horas que no tenía tiempo para pensar en nada más? Tras dos o tres horas se para y se dice: “¡vaya, hace mucho que no pienso en ella, tengo que volver a preocuparme!” ¿Qué está sucediendo? Se está apagando. Es como un fuego, se está apagando. Tiene que volver a ello, que pensar en ello, hablar de ello, preocuparse, hasta volver al punto en que toda su mente esté ocupada con ello.

¿Cuántas veces sucede esto? Pues bien, lo que hace el adulto maduro es dejar sus emociones negativas en el camino y seguir viviendo el resto de su vida. Siguen adelante con el resto de sus vidas, dejan atrás las emociones negativas en vez de arrastrarlas, las dejan como si fueran un montón de basura, las dejan y cuando la gente les pregunta: “¿Cómo van las cosas?” Contestan: “estupendamente”. Y cuando les preguntan: “¿Cómo va esa vida?” Dicen: “maravillosa”. Les preguntan: “¿qué tal esas relaciones?” [Persona 2]: “aún no podían ir mejor”. [Persona 1]: “¿Cómo va esa salud?” “¿Cómo te sientes?” [Persona 2]: “Fenomenal”. En otras palabras no hablan de cosas negativas. Cuando hablamos de cosas negativas, las aumentamos, las atraemos más a nuestra vida.

Estudien a sus conocidos que tienen problemas, observarán que los que tienen problemas todo el tiempo –los que nunca parecen solucionarlos, son los que siempre hablan de ellos. “A quien tiene le será dado y a quien no tiene le será quitado”. Este es otro punto importante en cuanto a las relaciones –una vez más, lo aprendí en mis estudios–, cada uno de nosotros ha de experimentar una determinada cantidad de sufrimiento. La gente se enamora de su sufrimiento, la gente ama su sufrimiento. De hecho, sienten que lo han pagado. Han pensado en ello, han vivido con ello tanto tiempo que la mayoría de la gente es reacia a abandonar su sufrimiento, no se les puede convencer de que lo abandonen. Les decimos: “¿por qué no lo olvidas?” “¿Por qué no lo superas?” “¿Por qué no sigues adelante?”. Contestan: “no puedo hacerlo. ¿Sabes cuánto ha sufrido, cuántas emociones he invertido en esta relación, en este trabajo, esta carrera?”, etcétera.

Recuerdo –permítanme decirles, que miles de personas me han abordado diciéndome que tenían malas relaciones. Dicen: “llevo en esta relación o en este matrimonio varios años y me siento fatal, soy desgraciado, no nos queremos, nuestra relación no va a ningún sitio”. Yo les digo: “¿por qué no hace algo al respecto?” [Persona 2]:“¿Cómo podría después de tantos años?”. Lo que les digo es esto: “miren, la esperanza de vida media en occidente hoy en día está entre 75 y 80 años y va en aumento. A finales de siglo, la esperanza de vida probablemente será de 80, 85, 90 años. ¿Sabe lo que significa esto? Que sea cual sea su edad ahora mismo; 20, 25, 30, 35 años, poco importa. Réstelo de 80 y le quedará el número de años que le quedan por vivir en esta situación. Pregúntese: ¿quiere seguir viviendo en esta situación 30, 40, 50 años?” Y la verdad, la verdad auténtica es que no, porque probablemente las cosas no van a mejorar.

A la gente le encanta el sufrimiento. No les gusta abandonar su sufrimiento, así que lo que hemos desarrollado es un consejo muy sencillo que acabo de comentar con un psicólogo asesor y me ha dicho que es el consejo más sencillo que ha oído en su vida. Para darlo a las personas que lo necesiten, cuando venga alguien que quiere hablar con usted de problemas, diga “sí” y sea comprensivo y categórico. Es muy bueno oír a la gente y dejarles hablar de sus problemas, salvo que cierta gente no habla de otra cosa que no sean sus problemas. Cada vez que los vemos hablan de sus problemas, a menudo repiten lo mismo que nos dijeron la última vez. Lo que hay que hacer, es decir: “sí, escucho lo que me dices te comprendo muy bien. Sin embargo, tú eres responsable de tu propia vida, tú eres responsable, ¿qué vas a hacer? Eres responsable de tu vida. ¿Qué harás al respecto?” Lo que pasará a ser a esto, que sus buenos amigos le dirán: “sí, tienes razón, es mi responsabilidad producir un cambio, tengo que hacer algo”. Y lo harán, de hecho, vendrán y le expondrán todos sus problemas y todo lo que usted dirá será: “¿y bien, qué crees que deberías hacer al respecto?”. Sus buenos amigos pueden utilizar ese tiempo de conversación para poner en orden sus propios pensamientos, para llegar a sus propias conclusiones y no necesitarán su consejo.

La mayoría de la gente no necesita consejos. Hay un dicho muy antiguo que dice así: “no te preocupes de la tendencia universal a dar consejos, porque la tendencia a no seguirlos es igualmente universal”. La gente no necesita consejos, a veces solamente necesitan que se les devuelvan sus propias palabras. Sin embargo, están los que no tienen ninguna intención de hacer nada en cuanto a sus problemas, lo único que quieren es utilizar sus problemas como excusa para hacerle a usted hablar de ellos. ¿Lo comprenden? Existe una tendencia neurótica muy común en nuestra sociedad a utilizar los problemas propios como base para una discusión.

He aquí mis problemas, hablemos de ellos y la persona en sí no tiene interés alguno en usted, su único interés consiste en que usted escuche. De hecho, decimos lo siguiente –en broma decimos: “esas personas son así”. Si piensan en usted como una persona, esta será su cara y estos sus ojos y estas sus orejas. Miren, aquí están sus ojos, a poder ser: abiertos, comprensivos. Aquí está su boca, a poder ser: cerrada. Y aquí están sus orejas, a poder ser: bien abiertas. Ni siquiera le ven a usted como una persona, los problemas de usted no le importan, lo único que les importa es que esté ahí sentado escuchando y asintiendo de manera comprensiva, dándoles consejos que no tienen la intención de seguir.

Cuando se encuentre con gente así, he aquí un modo muy sencillo de comprobar su amistad; empiecen a hablar de ustedes mismos, digan: “pues, me alegro que hayas venido a mí con tus problemas, porque yo también tengo algunos y me gustaría comentarlos contigo”. Verán que estas personas se vuelven hacia la puerta, miran el reloj, dicen que tienen una cita y se marchan a toda prisa.

Bueno, un punto final. Y es un punto esencial, es absolutamente crítico para todo el asunto, el punto culminante si quieren. Cuando empezamos a hablar de renunciar a las emociones negativas, casi todo el mundo dice: “sí, lo que dice es verdad, me parece sensato Brian, voy a renunciar a mis emociones negativas, voy a aceptar la responsabilidad, voy a hacerme cargo de mi vida, no voy a culpar a nadie más, con una única excepción”. Todos tenemos esa excepción de la que no nos vamos a desprender. Todos tenemos una emoción negativa que desde hace años hemos estado pagando y sustentando, permitan que les diga por qué es tan importante renunciar a ella.

Imagínese un coche. Imagínense un precioso Mercedes recién salido de fábrica. Un 560 impresionante, de muchos millones. Un precioso automóvil, totalmente comprobado, absolutamente perfecto. A usted se lo dan sin defectos, solo con uno, este está en la parte delantera. Hay un pequeño problema, consiste en que debido a algún motivo mecánico el freno está atascado. Usted entra en el precioso Mercedes, es exactamente como usted (preciosa mente, precioso cuerpo, preciosa potencialidad, increíble capacidad) entra en el mercedes, arranca el motor, pisa el acelerador y, ¿qué pasa? Veamos, si el freno está echado, ¿qué le pasará al coche? Por mucho que pise el acelerador, ¿qué le pasará al coche? Lo que pasará es que el coche girará sobre sí mismo dará vueltas y girará sobre sí mismo, hasta que usted deje de pisar el acelerador y se rinda. Mientras que el freno esté echado, no podrá ir a ningún sitio.

Lo que descubrí fue esto: que la existencia de una sola emoción negativa que no abandonemos por el motivo que sea y el motivo siempre se corresponde al ego, siempre tiene que ver con el propio ego–, le hará permanecer en el mismo sitio y girar sobre usted mismo y dar vueltas y vueltas durante el resto de su vida. Todos ustedes conocen a personas con talento, con oportunidades, con una buena educación, etcétera, cuyas vidas giran sobre sí mismas. Parecen limitarse a dar vueltas y vueltas, tienen todo a su favor, pero lo que sucede es que tienen problemas continuamente. ¿A qué se debe esto? Casi siempre y para esto, están el psicoanálisis y la psicoterapia, se debe a que tienen una emoción negativa atascada y la emoción negativa que tienen es el reproche. Es alguien a quien siguen culpando de algo, hay alguien a quien no van a olvidar porque ese hijo de tal les hizo algo. ¿Saben de lo que estoy hablando? Si, lo saben. Porque todos estamos en la misma situación, todos somos seres humanos.

Esto tiene sentido para ustedes y para mí, porque tenemos una tendencia a enamorarnos de nuestro sufrimiento. Tenemos una tendencia a llevar cargas y a pensar que estas emociones negativas son parte integrante de la propia humanidad. Ustedes tienden a ver que los demás son responsables, los demás nos han hecho daño, nos ha costado dinero, nos dañaron en una relación, pero la clave del rendimiento óptimo, la clave de la felicidad, la clave del éxito, consiste en utilizar la ley de la sustitución y eliminar esas emociones negativas directamente. La primera vez que algo les cause tensión, díganse: “soy responsable, soy responsable, soy responsable, soy responsable. Me gusto, soy responsable, me gusto y soy responsable. Nada en mi exterior va a trastornar mi mente, me hago cargo de mi vida emotiva. Soy responsable”. Usted es responsable.

Cómo Eliminar Emociones Negativas – 6 de 27